Más temible que Messi es Messi cabreado. Debiera saberlo más que nadie el Athletic, que conoce desde hace tiempo las dos caras del astro del Barça (27 tantos ha marcado a los leones a lo largo de su carrera). Messi saltó cabreado al campo, con los rivales que le guindaron la Supercopa (y le expulsaron) y con el filtrador de su contrato.

Y como ha demostrado decenas de veces, vehiculó el enojo a través de su arte. Un golazo suyo de falta abrió el marcador y le permitió alcanzar las 650 dianas con el Barça en 755 partidos. Messi dirigió el triunfo que remató Griezmann, que a diferencia de su ilustre compañero no ha justificado aún la cuantía de su coste, uno de los más onerosos de la historia del club. El francés anda en ello con una encomiable constancia desde que empezó el año.

Anotó el gol del renacer del Barça, que volvía al Camp Nou (un mes después) y al segundo lugar de la clasificación (cuatro meses después). H