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OPINIÓN

Las cuarenta de Pepe Beltrán | Victimismo

Mientras no reconozcamos nuestros errores, será imposible salvarlos

Las cuarenta de Pepe Beltrán | Victimismo

Con ocasión del triunfo sobre el Sevilla Atlético, un fiel lector se dirigió a un amigo común para inquerirle, con indisimulada sorna, sobre la ausencia en mi columna de toda mención al brillante (¿?) juego, como acusando mi falta de reconocimiento al entrenador. Hice caso omiso al intermediario y ni siquiera le quise recordar que tampoco había escrito sobre la derrota en Albacete y hasta defendí al técnico frente a las redes sociales que le criticaron agriamente su protesta por el error arbitral en el tercer gol local, cuando el partido y el marcador ya estaban cerrados.

Hace un par de años, con motivo de la destitución de Escobar, me afearon que yo no tuviera en cuenta que compartimos gentilicio y que no le apoyara lo suficiente, aunque la premisa no fuera biyectiva y no se echaran en falta las primicias informativas del técnico hacia quien suscribe por el mero hecho de ser ambos de Almassora. Me dio risa tan banal argumentación. Y no los tuve en cuenta para denunciar que el presidente había engañado por dos veces al entrenador prometiéndole nombramientos que nunca llegaban, casi siempre por cruzarse en el camino el todopoderoso Bruixola y otro tipo de intereses, verbigracia con la elección contra pronóstico y contraproducente de Garrido.

Merced al talante humano de Sergi, nuestra relación personal se estrechó, tanto en las desgracias como en la deriva profesional. Hasta que volvió al Castellón. Desde entonces, sin duda influenciados ambos por subjetivas invectivas externas, no hemos vuelto a hablar; y me había propuesto no hacerlo tampoco aquí, como única forma de no herir susceptibilidades. Pero, por omisión, mi pecado sería imperdonable.

Digo que no podemos llorar, semana sí semana también, las decisiones arbitrales. Entre otras cosas, porque son imponderables contra los que nada podemos hacer. Mejor nos iría cuajando mayor templanza defensiva --la acción del central en el penalti deviene infantil--, trabajando músculo para el medio campo y corrigiendo la desnortada puntería antes de que sea tarde. 

Mientras no reconozcamos nuestros errores, será imposible salvarlos. Ítem más, clamar contra una ficticia conspiración arbitral nos sitúa, más si cabe, en el ojo del huracán que, lejos de generar simpatía, termina pasando una factura impagable. Salvo que el victimismo esconda impotencia y que el objetivo sea sembrar ya la excusa para un futuro que adivinan ya incierto. 

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