Debe ser un virus contagioso, mas con el agravante de que no se conoce vacuna ni remedio. Ni siquiera para los que la soportamos desde enfrente, y que siendo más parecemos los enfermos por pensar que la culpa no siempre tiene que ser del resto del mundo. Hablo de la nueva pandemia que azota Castalia: el victimismo. La semana pasada, el técnico estaba más pendiente de hacer constar el infortunio y los malos arbitrajes que en corregir sus defectos tácticos y las carencias de la plantilla; ahora es el presidente quien pone el altavoz en la ausencia de apoyos --económicos, mayormente-- mientras obvia sus propias limitaciones.

El recurso plañidero no es nuevo, pero sorprende que no ha tanto se afeara a empresas, y hasta al mismísimo ayuntamiento, su falta de implicación, culpables del delito de esa patria en suma, y ahora se reclame su auxilio. De aquellos vientos sembrados no podía esperarse una tempestad menor. Confieso mi desconocimiento sobre cuál es esa tasa mínima que convierte a cualquiera en un albinegro de pro, pero se supone que uno accede a la presidencia con un proyecto y unos recursos propios. Hacerlo de otra forma no es suicida, es ridículo.

Hoy no se trata de poner en cuestión la gestión, que también, habida cuenta el resultado final: descenso y déficit pese a los ingresos extraordinarios en forma de traspasos. Para compensar la ausencia de posibles, o en puridad de las ganas de emplearlos, la legislación mercantil establece instrumentos tan eficaces como la ampliación de capital que, además, permite abrir la empresa a la sociedad, hacerla más participativa, so pena de asumir personalmente la suscripción. En nuestro caso, ni una cosa ni otra.

Porque desde diciembre está convocada una ampliación de cinco millones de la que nunca más se supo. La desgracia de la pérdida de categoría nos ha liberado de la obligación de suscribirla. Ojo, salvo que otro ascenso reporte el envenenado regalo de cubrirlo al menos hasta sumar los 4,3 millones de capital. No parece vaya a ser el caso.

Mientras el balón decide nuestra suerte, lo que no admite discusión es que la SAD está en venta. Nada que objetar. Pero no me parece que el presidente este solo, si no mal acompañado. Pretender que los demás pongan el dinero y te dejen presidir la foto del centenario parece más una provocación que una oferta para negociar su salida.