Pocas veces el deporte ofrece imágenes tan emocionantes como las que tuvo el honor de ser escenario el pabellón Ciutat de Castelló este domingo en el Mundial femenino de balonmano que tiene como una de sus sedes la capital de la Plana.

Sobre el parquet se acababan de enfrentar Noruega, una de las más firmes candidatas al título mundial, e Irán, debutante en el torneo y que destaca por el peculiar uniforme de sus jugadores, con hiyab cubriendo la cabeza y cubriendo por completo piernas y brazos, según marca el código de vestimenta femenina islámica.

A la hora de entregar el premio a la mejor jugadora del partido, el MVP cuya ceremonia tiene lugar al finalizar cada uno de los encuentros, llega la sorpresa. Tras un abultado marcador de 41-9 para las nórdicas, todos esperan que alguna de las jugadoras de Noruega sea la elegida para tal honor. Pero no. Pese a los 23 goles encajados en los minutos en los que estuvo en la pista, la guardameta del conjunto persa, Fatemeh Khalili Behfar, fue elegida MVP por la IHF (Federación Internacional de Balonmano).

Las lágrimas se apoderaron de la jugadora iraní, que rápidamente fue abrazada efusivamente por todas sus compañeras mientras las noruegas, alguna de ellas con visibles gestos de emoción no contenida, aplaudían de forma insistente la escena. Deportividad en grado máximo y reconocimiento a unas deportistas que, seguramente, lo tienen mucho más complicado para desarrollar su pasión por el balonmano en una sociedad tan machista como la persa.

Por supuesto, también la emoción de trasladó a una grada que acudía a una imagen que pasará a la historia de los Mundiales de balonmano femenino para engrandecer este deporte. Las jugadores de Irán y Noruega dejaron aparcada la rivalidad deportiva y se unieron para posar para una fotografía para la posteridad.

Una foto para la posteridad: iraníes y noruegas unidas por un gesto a favor de la visibilidad del deporte femenino IHF

Irán ya ha ganado su particular Mundial y Fatemeh Khalili Behfar ya ha entrado en la historia del deporte femenino con un MVP que ojalá sea el inicio de un mayor aperturismo para el deporte femenino de su país. Y Castelló ha sido el testigo de todo. La imagen del Mundial ha tenido como paisaje el Ciutat.