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El Periódico Mediterráneo

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Tenis

Richard Williams, el ‘fabricante’ inhumano de Venus y Serena Williams

Richard Williams diseñó un plan para convertir a sus hijas en campeonas del tenis y ahora Will Smith lo encarna en la película ‘El método Williams’

Will Smith, Demi Singleton y Saniyya Sidney, en ’El método Williams’.

No es exagerado asegurar que Venus y Serena Williams revolucionaron el mundo del tenis, no solo porque ganaron 30 torneos Grand Slam entre las dos sino, sobre todo, porque, por su raza y sus orígenes sociales, sacudieron los cimientos de un deporte cuyo 'establishment' tradicionalmente ha sido el coto privado de la gente blanca y rica. A su lado siempre estuvo su padre, Richard Williams, pieza clave de su éxito y una de las figuras más controvertidas y excéntricas del circuito en las últimas décadas, tanto por la relación con sus hijas como por su actitud en las gradas y frente a la prensa. Así se explica que él sea el gran protagonista de la primera película de Hollywood en abordar ese fenómeno deportivo y familiar. Centrada en los siete años de la década de los 90 que pasó tratando de abrir camino a Venus y Serena entre los clubes y los entrenadores de élite, 'El método Williams' llega a los cines el 21 de enero, y tiene muchos números para proporcionarle a Will Smith su primer Oscar unas semanas después.

Para dejar claras las particularidades del personaje bastaría explicar cuándo y cómo decidió convertir a su descendencia en deidades de la raqueta. Fue en 1978, tras contemplar por televisión cómo la tenista rumana Virginia Ruzici se embolsaba 40.000 dólares por ganar un torneo, decidió que sus hijas también podían ganarse la vida así de bien. Con ese fin, empezó a informarse a conciencia a través de revistas y vídeos de tenis, y redactó una estrategia de trabajo de 78 páginas. Por entonces Venus y Serena ni siquiera habían sido concebidas.

Richard Williams, con sus hijas Venus y Serena, en 1991.

Tácticas cuestionables

Como parte de ese plan, la familia se mudó a Compton, una de las áreas más humildes de Los Ángeles y, por tanto, un entorno que, según el patriarca, fortalecería el carácter de sus niñas. Mientras ellas empezaban a practicar desde los cuatro años, él se partía la cara para hacerles un sitio en las pistas de tenis del barrio. El' biopic' relata enfrentamientos con pandillas callejeras que acaban en palizas y muertes a balazos, pero de una forma que difiere sustancialmente de la versión del asunto que el propio Williams dio en su autobiografía, publicada en 2014.

Y ese no es el único motivo por el que muchos han acusado a la película, entre cuyos productores figuran Venus y Serena, de reescribir la historia de su protagonista y rehabilitar su imagen. A lo largo de su metraje apenas se mencionan todos los hijos –al menos cinco– que Williams engendró en su juventud y de los que se desentendió por completo, y se ignoran o disculpan las cuestionables tácticas que usó como mentor de las futuras campeonas: les prohibió que tuvieran vida social y salieran con chicos, las hacía entrenar desde las 6 de la mañana –incluso bajo la lluvia–, y pagaba a otros niños para que acudieran a sus entrenamientos y las increparan.

Lo que sí recrea fielmente Reinaldo Marcus Green, director del filme, es la drástica medida que Williams tomó cuando sus hijas ya empezaban a despuntar en categoría juvenil: decidió que no jugarían ningún torneo hasta que alcanzaran la edad para hacerse profesionales, porque no quería que el exceso de escrutinio público echara a perder tempranamente sus carreras como había pasado pocos años antes con la de su compatriota Jennifer Capriati.

Prejuicios de raza

La narración de 'El método Williams' se detiene precisamente cuando Venus, la mayor de las hermanas, apenas empieza su meteórico ascenso al Olimpo del tenis femenino, y esa limitación temporal hace que en ella no aparezca recreado el tumulto constante provocado por el trío durante sus principales años en el circuito, tanto por el temor que ellas generaban entre sus rivales y él causaba con sus apariciones públicas como porque, decíamos, el periplo de los Williams pone en evidencia los prejuicios de raza que siguen imperando en ese deporte.

En ese sentido, basta recordar el torneo de Indian Wells de 2001, y el aluvión de insultos racistas que las hermanas sufrieron cuando Venus se retiró de la competición –en circunstancias sospechosas, es cierto– unos minutos antes de enfrentarse en semifinales a Serena; o acordarse de que, en última instancia, la cuestión racial es uno de los principales argumentos en los que se basaban las 78 páginas escritas en su día por papá Richard. Tal y como él lo veía, la falta de competitividad del tenis femenino se debía a la falta de preparación física que las tenistas necesariamente aquejaban por su condición de mujeres blancas, y que por tanto sus hijas disponían de una ventaja genética que las conduciría a la gloria. Fuera o no correcto, el razonamiento acabó dando el resultado deseado.

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