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El Periódico Mediterráneo

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Ciclismo

La hora de una clásica con una cerveza en la mano

Este domingo se disputa la Amstel Gold Race, que ha roto la tradición al disputarse antes que la París-Roubaix.

El podio de 2019, con Mathieu van der Poel en el centro, y los vasos de cerveza.

Si hay una carrera ciclista donde se permite seguirla por televisión con una cerveza fresca al lado -aunque alcohol y deporte no sea la compañía recomendada- es la Amstel Gold Race, que toma el nombre de la compañía cervecera neerlandesa que patrocina la prueba desde su creación en 1966. Es la gran carrera de los Países Bajos, que quiere con esta prueba reivindicar que en su territorio hay cuestas, duras subidas, aunque no tengan la pesadez para las piernas de los corredores que requiere afrontar una subida en las cimas de los Alpes o los Pirineos.

Siempre, indicaba la tradición, se disputaba el tercer domingo de abril y servía para marcar el inicio del tríptico de carreras denominadas de las Ardenas, aunque a algunos puristas no les resultaba muy apropiado el nombre. Era la primera de las tres, antes de la Flecha Valona (siempre en miércoles) y de la Lieja-Bastoña-Lieja que cerraba el apartado en cuanto a clásicas de primavera. Pero este año la Amstel y la París-Roubaix han intercambiado papeles para romper la unidad familiar de las Ardenas al colocar de por medio la gran cita con los adoquines del 'Infierno del Norte' francés.

El sprint de Mathieu van der Poel.

La Amstel siempre había sido la carrera del cambio de testigo. Los corredores que habían probado fortuna con las piedras de Flandes y de Roubaix se tomaban unos días de descanso, al olvidarse de los muros de Valonia. Y era, también, la carrera en la que velocistas se permitían agarrarse con fuerza al manillar y al sillín para demostrar que si les daba la gana, si la recompensa era imponerse en una clásica, bien podían subir y moverse con cierta agilidad por la treintena de cotas neerlandesas, muchas de ellas repetidas, en un trazado que, de no estar marcado, sería un auténtico laberinto para los corredores.

La cota de Cauberg

La Amstel Gold Race (AGR) es también la prueba de la cota de Cauberg, la más famosa, la que convirtió a Philippe Gilbert (ganador también de la AGR) en campeón del mundo por allá 2012 después de que lo hiciera el suizo Oscar Camenzind en 1998, el año negro del Tour por culpa del dopaje. Se sube tres veces; la última camino de la bajada que conduce a la meta y donde se decide una carrera en la que Alejandro Valverde y Purito Rodríguez, con dos segundas plazas, han sido los ciclistas españoles con mejores datos en la prueba neerlandesa.

Los ciclistas, sin embargo, no reciben la recompensa de la cerveza hasta que suben al podio a recoger el trofeo que va siempre acompañado de un vaso con la rubia bebida. Y es, ahora, sobre todo, la carrera de Mathieu van der Poel, que llega como favorito después de ganar el domingo pasado el Tour de Flandes, porque fue allí, antes de la pandemia, en 2019, donde se coronó como campeón para presentarse ante el universo ciclista como un corredor que servía para ganar algo más que sobre el barro, la tierra y la arena del ciclocrós. No se recuerda un esprint tan salvaje, tan exagerado y tan colosal como el que protagonizó el hijo de Adrie (vencedor de la AGR de 1990) y nieto de Raymond Poulidor para imponerse en la carrera y comenzar a ser admirado por el mundo entero.

Siempre quedará la tristeza de que este domingo (Teledeporte y Eurosport) no se pueda vivir el duelo entre Van der Poel y Wout van Aert, ganador el año pasado, puesto que el campeón belga todavía está convaleciente del covid que le impidió poner una pica en Flandes. Y en el recuerdo siempre estarán las dos victorias de Eddy Merckx (1973 y 1975), la de Bernard Hinault de 1981 o la de Joop Zoetemelk, camino de su retirada, en 1987, como último triunfo de un corredor legendario en la historia ciclista de los Países Bajos.

Así que este domingo se permite por una vez abrir una botella o lata de cerveza para animarse y aplaudir el paso de los ciclistas, en una carrera que desde 2001 tiene su apartado femenino con la victoria de Marianne Vos, una de las grandes del pedal neerlandés, el año pasado. De las siete veces en la que han corrido las mujeres (hubo varios años que solo compitieron los hombres desde 2001) cinco veces han triunfado las corredoras locales; sin duda, las mejores del concierto internacional.

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