Barraca y tangana
Opinión | Peleando hasta el final
El fútbol parece mi instituto, últimamente, y no solo por lo de mi edad mental

Archivo - Aurelien Tchouameni - Federico Valverde, Real Madrid CF / Oscar J. Barroso / AFP7 / Europa Press - Archivo

Con frecuencia, el origen de una pelea radica en una confusión. Una noche, en la época del instituto, me encontré a un conocido súper angustiado. «Me van a matar», decía. Resulta que un macarra lo estaba buscando para pegarle una paliza, porque la noche anterior se había liado con su novia, en las fiestas de nuestra querida ciudad. Después de siete u ocho «me van a matar», pregunté quién era la novia, por salir del bucle y por curiosidad, y me dijo «no lo sé». Entendí entonces que no se había liado con ninguna novia. Entendí también que no pensaba aclararlo con el futuro agresor: el hecho de que pensaran que se había liado con alguien le compensaba que le tocaran la cara. La confusión.
No sé muy bien qué pasó al final, pero el chaval sobrevivió porque lo seguí viendo en el instituto, después de las fiestas, tan normal. Allí, al salir de clase y de vez en cuando, algunos se pegaban. Chavales viviendo el momento, sin teléfonos móviles.
Una tarde, unos minutos antes del final de la última clase y mientras el profesor explicaba la lección, un compañero se puso a hacer ejercicios de calentamiento porque había quedado para pegarse fuera. Que por una parte pensabas ‘no, hombre, no, qué mal’, pero el detalle del calentamiento mostraba, al mismo tiempo, algo de civismo, de método, de respeto por el rival.
Como una vez que discutí con uno del colegio de enfrente, a través de la valla, y me dijo que al salir me pegaría una patada y al salir, efectivamente, me pegó una patada, sin ensañarse, muy profesional. No le daría un premio, pero reconozco que era un niño con palabra, que cumplía con lo que prometía. No como esos que jugando al fútbol te retaban a pegarte luego fuera, y luego, cuando enviabas a alguno de tu equipo a investigar, no aparecían (menos mal).
Una confusión, quizá
El caso es que el fútbol parece mi instituto, últimamente, y no solo por mi edad mental. Quizá tanta pelea sea un apéndice de la famosa Jornada Retro, un extra colateral. Quizá solo sea, como digo, una confusión. Ya lo pensé con el jaleo del Huesca-Zaragoza, con el puñetazo de Andrada y todo eso. Quizá solo entendieron mal lo de ‘la pelea por la permanencia’. Quizá no fuera maldad, sino un error de concepto. La famosa trampa de lo literal.
De hecho, me gusta pensar que lo de Tchouameni con Fede Valverde (o lo de Rudiger con Carreras) pueda ser similar. Me he puesto a indagar y he encontrado algo que podríamos llamar prueba. Hace un par de meses, cuando el Madrid ganó al Celta en el último minuto, Álvaro Arbeloa dijo: «Esto es el Madrid, pelear hasta el final». Y quizá sus jugadores lo entendieron mal. Quizá ahora solo estén confundiendo el infinitivo con el imperativo, que es algo que pasa mucho, también en el instituto, creo recordar.
Y hay más, porque siempre hay más. Hace apenas unas semanas, después de un tropiezo casi definitivo en Liga, el mismo Arbeloa, entrenador del Madrid, insistió: «Hasta el último día hay que pelear». Y eso están haciendo sus chicos, sin más. Nadie puede negar que el Madrid está peleando hasta el final. Otra vez la confusión. La trampa de lo literal.
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