Tras la ilusoria calma que hubo en los primeros días de la guerra de Irak, la Intifada vuelve a recrudecerse. Siete palestinos murieron en varias operaciones militares israelís en el campo de refugiados de Rafah y cerca de Jabaliya, en la franja de Gaza; y en las localidades cisjordanas de Qalqilia y Naplusa.

La operación más sangrienta se produjo durante la madrugada de ayer en Rafah, cuando cuatro palestinos murieron y ocho resultaron heridos, según fuentes sanitarias de Gaza, en una incursión militar del Ejército israelí. Tres de los muertos estaban desarmados y fueron alcanzados por un misil disparado por uno de los helicópteros que acompañaba a los 25 tanques que participaron en la operación. La otra persona fallecida era un hombre de 24 años armado. Cuatro soldados resultaron heridos.

En la localidad de Qalqilia, también de madrugada, varios testigos afirmaron que un adolescente de 14 años que se hallaba en la puerta de su casa murió abatido por los disparos procedentes de un coche militar.

Otro palestino falleció ayer en Naplusa, en el norte de Cisjordania, cuando unos soldados intentaban detenerlo, en una operación que, según fuentes militares, se saldó con dos soldados heridos. El fallecido estaba acusado por Israel de militar en el movimiento islamista Hamas. El séptimo palestino muerto ayer era un granjero de la localidad de Jabaliya, en Gaza, que fue alcanzado por los disparos israelís.

El negociador jefe palestino, Saeb Erekat, condenó las muertes y pidió a la comunidad internacional que "no permita a Israel aprovechar la guerra en Irak para conseguir sus propios objetivos".

"REUNIÓN POR LA PAZ"

Mientras, en Bruselas, el llamado Cuarteto de Madrid (Estados Unidos, Rusia, UE y ONU) debatió ayer el plan para la paz en Oriente Próximo, que, según anunció el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, será presentado "en una o dos semanas", en cuanto sea confirmado el nuevo primer ministro palestino, Abu Mazen. "Hemos esperado a que surgiera una nueva dirección palestina", manifestó Powell, que advirtió de que, para que tenga éxito, ésta deberá comprometerse a acabar con la violencia y el terror y a practicar un gobierno responsable".

Ayer, por otra parte, el Ejército israelí permitió el regreso a sus hogares de 1.000 palestinos a los que había desalojado de sus casas el miércoles en el campo de refugiados de Tulkarem. Todos los hombres de entre 15 y 40 años (entre 1.000 y 2.000, según fuentes palestinas) habían sido trasladados al campo de Nur e-chams. Mientras tanto, ayer en Yenín, miles de palestinos se manifestaron en favor del presidente iraquí, Sadam Husein.