El martes por la noche, el Nobel de Economía Joseph Stiglitz logró algo que no es sencillo: que al cómico estadounidense Stephen Colbert se le quitaran las ganas de hacer broma. "No hemos visto lo peor de la crisis ni de lejos", dijo Stiglitz, en un diagnóstico de la realidad en el que, con matices, hay coincidencia en EEUU aunque desde la Administración de George Bush siga sin pronunciarse la palabra "recesión". En medio de este ambiente pesimista alimentado por unos últimos datos económicos que corroboran los malos augurios, Wall Street vio como el ímpetu que supuso el anuncio del plan de choque financiero desaparecía, y a dos horas del cierre perdía más del 5,5%.

La idea de que ahora toca preocuparse por la recesión económica se extendió también por los parquets europeos, donde las caídas fueron igual de pronunciadas. Se movieron entre el 5,1% del Ibex 35 español y el 7,2% del principal indicador de la Bolsa de Londres.

En una conferencia en Nueva York, el presidente de la Reserva Federal (Fed), Ben Bernanke, afirmó que la crisis financiera supone "una grave amenaza" para el crecimiento económico estadounidense y citó varios puntos para la preocupación: la debilidad en el sector inmobiliario, la ralentización del gasto de empresas y consumidores y la destrucción de empleo. "La estabilización de los mercados financieros es un primer paso fundamental, pero incluso aunque se estabilicen como esperamos que lo hagan, una recuperación económica no llegará acto seguido", manifestó Bernanke.

MESES DE DIFICULTADES Bernanke repitió la misma idea que el secretario del Tesoro, Henry Paulson, había expresado poco antes: "La gente debe saber que tenemos por delante varios meses con dificultades". Coinciden también los medios de comunicación y analistas bursátiles, que dudan de que los mercados hayan tocado fondo y califican el plan de rescate como una medida para frenar la hemorragia.

A esta coincidencia en los augurios negativos fue a lo que reaccionó Wall Street, que se desayunó con una muy mala noticia del consumo. En septiembre las ventas minoristas descendieron un 1,2%, el mayor descenso mensual en tres años. Los datos son preocupantes porque el gasto en consumo supone dos tercios de la economía estadounidense, y porque septiembre es, junto a diciembre, el mes con mayor gasto a causa de las compras de inicio del curso escolar.

Sector por sector, los datos de consumo no dejan espacio para el optimismo: las ventas de automóviles cayeron el 4% y las de los grandes almacenes, el 1,5%. Hubo descensos también en muebles, electrónica y ropa. Los datos dieron argumentos a los demócratas en el Congreso, que piden un paquete de estímulo al consumo similar al que se hubo hace meses y que consistió en devoluciones fiscales.