El Banco Internacional de Pagos (BIS) de Basilea --institución que fomenta la cooperación en política fiscal y monetaria, y ejerce de banco central de los bancos centrales-- lanzó ayer una aguda voz de alarma. Si no se solucionan los "graves riesgos fiscales a largo plazo" en que han incurrido muchas de las economías más importantes del mundo, alertó, se podría desencadenar una nueva crisis.

"No nos equivoquemos: las turbulencias en los mercados relacionadas con las crisis financieras de Grecia, Irlanda y Portugal palidecerían ante la devastación que causaría la pérdida de confianza de los inversores en la deuda soberana de alguna de las principales economías del mundo", sostiene en un informe anual el organismo, del que forman parte 56 bancos centrales.

El BIS ve clave una reducción "urgente" de la deuda pública y privada. El problema, apunta, es que las políticas fiscales ya eran "insostenibles" antes de la crisis, por estar basadas en una expansión excesiva del sector financiero y la construcción. Las medidas anticrisis de gasto han agravado el asunto, pero incluso su fin no garantiza volver a la situación fiscal previa.

CAUSAS REPETIDAS Para reconducir el endeudamiento, la institución juzga imprescindible que los bancos centrales suban los tipos a nivel mundial y lo hagan "a un ritmo más rápido" que en anteriores ocasiones. El tercer año consecutivo de tipos bajos, critica, es la causa de muchos de los "desafíos actuales" de la economía mundial. También ve clave fomentar el ahorro en países con déficit y el consumo en los de superávit. "Las medidas para amortiguar el impacto de la última crisis no deben plantar la semilla de la siguiente", dice.