Quien no conozca su obra puede tener de Cecilia una imagen distorsionada, la de una cantante lánguida y sentimental. Pero suya es una de las canciones más espeluznantes sobre la guerra civil (en realidad, sobre cualquier guerra). Esa que dice: "Ahora vivo a costa/ de un millón de muertos/ un millón de tumbas/ un millón de espectros".

Resultaría excesivo comparar el drama de un conflicto bélico con el que causa una crisis eco-nómica o equiparar la muerte con el desempleo. Pero, salvando las distancias, está claro que las desorbitadas tasas de paro españolas --"inaceptables", las calificó la cumbre europea del miércoles-- es el hecho diferencial que tiene al país a los pies de los caballos en que andan montados los inversores y sometido a los dictámenes de la cancillera-gendarme Angela Merkel.

No un millón de muertos, pero sí cinco millones de parados. Esa es la cifra del drama. Más allá del maltrato a la banca por una recapitalización que pasará factura al crédito, la principal causa de la desconfianza de los inversores hacia España sigue siendo el 21,52% de paro.

La constatación de que la situación laboral española no mejora, las malas perspectivas eco-nómicas de la zona euro y las dudas sobre la concreción y las consecuencias que tendrán los acuerdos de la cumbre europea pasaron ayer factura. Los inversores decidieron recoger los beneficios generados por la fuerte subida del jueves y el Ibex 35 cayó el 0,5%, aunque en la semana ha subido el 4,2%.