Qué ha pasado con el impuesto de sociedades para que de tercero en capacidad recaudatoria pase a ser hoy el cuarto, por detrás de los tributos especiales que incluyen a los que gravan los alcoholes, los carburantes y el tabaco? En un periodo de apenas cuatro años, el tributo sobre los beneficios empresariales ha reducido su recaudación a menos de la mitad, al pasar de casi 45.000 millones del euros en el 2007 a 16.611 millones el año pasado, con una desplome muy superior al registrado por la economía que, en realidad, solo experimentó un retroceso, del 3,7%, en el año 2009.

Los expertos apuntan a las deducciones y a la libertad de amortización de activos sin la condición de mantener plantilla, como principales factores que han contribuido a que el descenso sea muy superior al experimentado por la economía.

En la actualidad, el gravamen que recae sobre los beneficios empresariales a duras penas supone el 1,5% del conjunto de la economía, cuando en el 2007 llegó a significar el 4,3%, con un valor del producto interior bruto (PIB) incluso un poco superior la actual. Su recaudación se sitúa al nivel del 2001, un ejercicio en el que el valor de todo lo que se producía (PIB) era el 60% inferior al actual, según los datos suministrados por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Mientras, a lo largo de este periodo, impuestos que recaen sobre el conjunto de la población, como el impuesto de la renta (IRPF) --que el Gobierno del PP subió con efectos del pasado 1 de enero-- o el IVA ganan el terreno que el impuesto de sociedades está cediendo.

La crisis y la reducción de la actividad han hecho mella en los ingresos tributarios, pero el descenso más significativo ha sido el del gravamen a los beneficios, que ha pasado de suponer el 22,3% de la recaudación total al 10,3%. Los ingresos por el IRPF han subido en cambio hasta el 43,15% del total, desde el 36,18% de hace cuatro años; y el IVA, hasta el 30,5%, desde el 14,9%.

INVERSIONES Y DESPIDOS En el caso del impuesto de sociedades, además del descenso de los beneficios desde que comenzó la crisis, otra variable ha influido en el último año en su recaudación: la libertad de amortización de activos que entró en vigor en enero del 2011. Esta norma permite, hasta el 2015, rebajar la factura fiscal sin necesidad de mantener plantilla como preveía la normativa en vigor hasta el 2010.

De hecho, a lo largo del año pasado, los expedientes de regulación de empleo (ERE) llegaron a 22.445, con un incremento del 21,8% y afectaron a 16.969 empresas, el 22,4% más; y 372.167 trabajadores, con un crecimiento del 15,5%, según los datos provisionales del Ministerio de Empleo y Seguridad Social.

Varios expertos consideran que en las empresas con una mayor capacidad financiera la norma fomentó la inversión en activos, ya que estos últimos se pueden amortizar libremente. Eso supone incrementar el capítulo de los gastos y, por tanto, reducir la base que será gravada con el impuesto ¿Resultado? Una reducción del impuesto a pagar.

La norma que aprobó el anterior Ejecutivo eximió de mantener el número de trabajadores como requisito para beneficiarse de esta ventaja con el objetivo de incentivar la inversión empresarial. La idea era "favorecer la creación de nuevos puestos de trabajo" en un momento en el que se apreciaban "los primeros indicios de recuperación", según dijo en el 2010 el que entonces era secretario de Estado de Hacienda, Carlos Ocaña.

MANTENIMIENTO DEL EMPLEO "No sería extraño que el Gobierno acabara por volver a vincular la libre amortización con el mantenimiento del empleo", afirma Jaume Cornudella, socio de PriceWaterhouseCoopers. "La actual fórmula ha dañado bastante la recaudación", asegura y destaca que un peso razonable del impuesto de sociedades sobre el conjunto de la economía se sitúa en torno al 5% no en el 1,5% de la actualidad.

Los técnicos de Hacienda, integrados en Gestha, entienden que también se produce una recaudación baja como consecuencia de las posibilidades que ofrecen las deducciones, mucho mayores cuanto mayor es la dimensión de la compañía.