Las debilidades económicas y financieras de España han convertido al país en la principal víctima del contagio de la crisis griega en los mercados internacionales, mientras que los nuevos datos sobre la eurozona en el primer trimestre del año muestran una evolución económica muy dispar entre sus estados miembros.

El tirón económico de Alemania, con un crecimiento trimestral del 0,5%, permitió que la eurozona esquivara la anunciada recesión en el primer trimestre, según Eurostat. Pero el estancamiento de la economía francesa y la recesión de Italia, España y Holanda impidieron que el producto interior bruto (PIB) de la zona euro alcanzara un crecimiento positivo en el primer trimestre.

La recesión afecta ya en la eurozona a España, Italia, Holanda, Portugal, Eslovenia, Grecia y Chipre, según los datos de Eurostat y la Comisión Europea. España, con una nueva caída trimestral del PIB del 0,3%, tuvo incluso una evolución peor que la registrada por Portugal, donde a pesar del plan de ajuste, la caída del PIB se limitó al 0,1% durante el primer trimestre.

Finlandia fue el país de la eurozona con mayor crecimiento trimestral: 1,3%. Otros países que lograron una actividad económica sostenida en el primer trimestre fueron: Bélgica (0,3%), Austria (0,2%), Eslovaquia (0,8%) y Estonia (0,5%).

Vuelco bursátil

El anuncio de nuevas elecciones en el país heleno provocó ayer un vuelco en la bolsa española, que acabó con pérdidas del 1,6%, la mayor caída de las plazas europeas. La banca volvió a pagar los platos rotos con caídas de entre el 1,27% de Bankia y el 2,72% de Caixabank, por la desconfianza de los inversores hacia el sector pese a la reforma aprobada por el Gobierno.

Algo parecido sucedió con la prima de riesgo de la deuda pública española, ya que, tras una mañana más tranquila que la víspera, volvió a enfilar la senda alcista hasta situarse ligeramente por debajo de los 490 puntos respecto al bono alemán. El bono español a diez años cotizó al 6,343% la víspera de una nueva emisión de bonos y obligaciones del Tesoro a tres y cuatro años. Si se cumple la tendencia de las últimas emisiones, España tendrá que volver a pagar tipos de interés más altos para colocar las cantidades previstas.