Más estampas madrileñas. Los ricos dicen que los ricos de verdad --10 o 12 veces más adinerados que los otros-- cuentan que la situación económica está mucho peor de lo que se sabe. En España, según Cap Gemini, hay 137.000 ricos con propiedades superiores al millón de dólares, al margen de la vivienda habitual. Las elecciones griegas y el G-20 no les han tranquilizado, ni la leve mejoría de la prima de riesgo. Casi todos votaron a Rajoy, pero ya están desencantados y lo critican sin miramientos. Añoran a Aznar, porque mandaba, e incluso hablan bien de Felipe González.

Los más ricos colocaron hace tiempo --es legal-- parte de su fortuna en el extranjero. Los expertos aconsejan proteger entre un 30% y un 40% del capital, pero cada uno hace lo que quiere. El peligro no está en el corralito, sino en una ruptura del euro y la vuelta a la peseta. En esa hipótesis, la nueva moneda española perdería incluso la mitad de su valor frente al euro.

Y claro, nadie que pueda evitarlo quiere arriesgarse a semejante quebranto. Luxemburgo, Suiza, Alemania, el Reino Unido o EEUU son los lugares preferidos para proteger los capitales. Ahora, los menos ricos peregrinan por las oficinas de la banca de las entidades. Todo ocurre alrededor del paseo de la Castellana, que es donde los bancos nacionales y foráneos tienen sus oficinas para estos menesteres. Todo muy discreto. Nadie coincide con nadie, ni se cruza con otro cliente. Citas concertadas en salas decoradas al estilo inglés en el Santander. Aire clásico, pero más moderno en el BBVA. Minimalismo luminoso en el UBS suizo y ambiente más ampuloso en Crédit Suisse.

Algunos acuden a una oficina a pie de calle del Deutsche Bank. Preguntan si pueden comprar bonos alemanes y en Barclays reclaman abrir una cuenta en Londres desde aquí. No hay datos concluyentes, pero entre enero y abril los depósitos bancarios cayeron en 72.000 millones y solo pueden estar en dos sitios, en billetes y en cajas de seguridad y en casas o en el extranjero.

El dinero es tan cobarde que incluso está dispuesto a pagar para protegerse. Las cuentas en Suiza y Luxemburgo más o menos a la vista, no solo no pagan, sino que cobran por tener el dinero allí, eso sí, en principio a salvo de otros sustos. Los fondos de inversión monetarios en euros, otro de los refugios más habituales, también arrojan rendimientos negativos.

Y la compra de bonos alemanes genera, desde el principio, pérdidas. Hay que adquirir paquetes de 50.000 euros y pagar esa cifra --comisiones incluidas-- para recuperar 49.500. Ana Botella, alcaldesa popular de Madrid, sorprendida de que ocurra todo esto, hace la síntesis perfecta: "Es como guardar los billetes en el colchón". Pérdida a cambio de seguridad teórica. Una apuesta clara de ricos.