Los líderes de la eurozona se encuentran embarcados en una carrera contrarreloj para elaborar un plan creíble y detallado para profundizar la integración económica y política europea de cara a la cumbre del 28 y 29 de junio. Ese plan es esencial para restablecer la confianza perdida de los inversores en el proyecto europeo y en la viabilidad futura de la eurozona, pero las divergencias franco-alemanas sobre cómo alcanzar los objetivos están retrasando el diseño del proyecto.

La cancillera alemana, Angela Merkel, aboga por una integración acelerada con una amplia cesión de soberanía, que al final del proceso podría implicar una mayor solidaridad financiera entre los países. Pero el presidente francés, François Hollande, se resiste a ceder esa soberanía a la UE o a la eurozona y reclama que la integración empiece con un compromiso de mayor solidaridad, como la emisión de eurobonos.

Con tres países ya intervenidos y la deuda pública de Italia y España (la tercera y cuarta economías de la eurozona) sometida al acoso de los mercados, el Consejo Europeo del próximo jueves y viernes no puede convertirse en una nueva cumbre fallida por las discrepancias de los dos principales motores de la integración europea.

Por ello, el presidente de la Unión Europea (UE), Herman Van Rompuy, junto a los presidentes del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, y de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, prepara el esquema de lo que debe ser un nuevo salto adelante cualitativo en la integración europea, que confirme a nivel mundial la irreversibilidad del euro y su capacidad de superar la actual crisis.

La cumbre además debería estimular la recuperación económica mediante un compromiso creíble de impulsar la inversión pública europea y debería abrir la puerta a una revisión realista del programa de rescate previsto para Grecia que reforzara su viabilidad.

Unión bancaria y fiscal

El plan que prepara Van Rompuy tiene como objetivo reforzar la zona euro mediante la creación escalonada de una unión bancaria y de una unión fiscal, que debería culminar a medio o largo plazo con la posibilidad de emitir eurobonos, deuda pública mutalizada de los estados.

El establecimiento de la unión bancaria se basaría en un primer paso en un sistema de normas comunes sobre la gestión de bancos y la resolución de crisis bancarias, con una supervisión centralizada a nivel europeo. En una segunda etapa, implicaría la creación de un fondo europeo común para el saneamiento y la liquidación de los bancos en crisis y el establecimiento de un sistema europeo de garantía de depósitos.

El primer paso hacia la unión fiscal ha sido el gobierno económico europeo instaurado en la zona euro en diciembre con una estrecha coordinación de políticas económicas y presupuestarias, que obliga a los gobiernos a sanear sus cuentas públicas y a corregir sus desequilibrios económicos bajo la amenaza de sanciones casi automáticas. Esto se reforzará con el Tratado de rigor fiscal en fase de ratificación y con los dos nuevos reglamentos en trámite, que permitirán forzar a un gobierno a modificar su presupuesto y facilitarán colocar bajo tutela a un país.

Merkel advirtió que no quiere que la cumbre se convierta en un debate centrado en los eurobonos, que "no son una solución" en estos momentos. La cancillera se reunirá con Hollande mañana en París para intentar limar divergencias y sentar las bases de un acuerdo que llevar a la reunión.