Al pobre de Santo Tomás le ha caído el sambenito histórico de ser un descreído. Célebre es la frase con la que puso en cuarentena la resurrección de Jesús: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos, y meto mi mano en su costado, no creeré". ¿Pero quién le podría criticar por ser tan precavido?

Menos famosa es otra sentencia que pronunció en la última cena. "Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?", le preguntó. Algo así se preguntan los inversores viendo la deriva de los mercados. ¿Cómo, líderes europeos, podemos saber el camino si no sabemos a dónde vais?

La semana bursátil que ayer tocó a su fin ha venido marcado por dos deterioros. Primero, el consabido de la situación europea, con Grecia sin solución, el rescate de España en punto muerto, Francia dando señales de alerta, y nadie pareciendo tomar medidas para reconducir la situación. Segundo, el consabido del abismo fiscal estadounidense y la dificultad para que demócratas y republicanos lleguen a un acuerdo para reconducirlo.

Así las cosas, el Ibex 35 cayó ayer el 1,39%, hasta los 7.588,2 puntos. El descenso semanal es del 0,6%. La prima de riesgo, por su parte, se sitúa en los 460 puntos, con el interés del bono a 10 años incapaz de alejarse del 6%. Una y no más, Santo Tomás, dice el refrán español. En la gestión de la crisis que asola a las economías avanzadas no tiene sentido, lamentablemente.