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El Periódico Mediterráneo

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Comercio

En las tripas del Black Friday de Amazon

Trabajadoras de Amazon en Porriño.

Es durante la noche cuando sucede todo en el interior de la estación de distribución de la multinacional en Porriño. Antes de que termine el día llegan los camiones con la mercancía, que los trabajadores reorganizan a lo largo de seis horas. Asignan códigos a los paquetes en función del destino. Cuando sale el sol, a eso de las 8 de la mañana, empieza la distribución en las furgonetas de reparto. A razón de 21 vehículos cada 20 minutos cargan los pedidos para proseguir la ruta antes de las 10.Una operativa que se refuerza desde esta jornada de descuentos hasta después de Navidad.

Se dice que las palabras retratan imaginarios. En el mundo Amazon es así, la jerga es un grado. Los trabajadores se llaman asociados; los repartidores, drivers. Los centros de aprovisionamiento se llaman non sortable (centros donde se almacenan grandes objetos) y las sucesivas llegadas de vehículos de reparto se sustituyen por waves. Poco importa que la estación de distribución en cuestión sea la que la compañía opera en Porriño, pues ésta ha sido bautizada con el galimatías DGA2. Y cada centro tiene el suyo propio. Y como parte del universo Amazon, el calendario también alberga sus particularidades. La etapa de máxima carga de trabajo empieza a finales de noviembre, con el Black Friday, y termina en Navidad. Después del día de Reyes en España.

En el centro de distribución de Amazon en Porriño, que vio la luz en 2019, la jornada empieza por la noche, sobre las 11 o las 12, depende del volumen de trabajo. Termina por la mañana. Arranca con la llegada de camiones que traen la mercancía desde los centros de aprovisionamiento y finiquita con las furgonetas de reparto. En cada una de las compuertas que componen el exterior del centro logístico pontevedrés, tres, cinco o hasta siete u ocho camiones descargan su mercancía, depende del momento del año. Durante el Black Friday llegan antes, “para poder gestionar la mercancía con más tiempo”, avanza Christianne Ester, responsable de la estación logística de Amazon en Porriño. Porque no tiene sentido que el reparto salga a las 12 de la mañana.

“Los camiones vienen de Madrid o Sevilla. La mercancía, de cualquier centro”

Christianne Ester - Responsable de la estación logística de Amazon en Porriño

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Es durante la noche cuando pasa todo, es el momento de máxima actividad del centro. La música resuena de fondo y se funde con el eco, igual que en otros los centros de la multinacional. “La escogen los asociados”, comenta Ester. Los paquetes pasan a una cinta transportadora. En ella los empleados asignan un código a la mercancía, en función del destino. El centro logístico da servicio al sur de Galicia: provincia de Pontevedra y de Ourense únicamente. “Se coloca la mercancía, que viene dispuesta en carritos verticales”, en hileras en el centro de la planta, en lo que han dado en llamar “zona de inducción”. Se atan los últimos cabos de una dinámica discurre entre la primera, la media y la última milla.

Y una vez que todos los paquetes han sido etiquetados en la cinta transportadora se colocan en otros carritos. Los que se cargarán en las furgonetas de los drivers. Es decir, del reparto. Este proceso dura, normalmente, seis horas. Ahora, con el Black Friday a la vuelta de la esquina, la operativa se extiende hasta las 8 horas. A las puertas de la etapa del año con más carga de trabajo “se amplía jornada y se amplía plantilla”; reconoce la directiva de la planta. En este periodo, la masa laboral aumenta un 30% contando los refuerzos temporales contratados para estos meses, entre la estación logística y los repartidores.

Trabajadoras de Amazon en Porriño. Pablo Hernández

Los paquetes llegan desde todos los centros de Europa, no hay un centro de referencia. “Los camiones suelen venir o de Madrid o de Sevilla, pero los productos proceden de otras redes de distribución de Europa”, asegura Ester. Como muy tarde, a las 7 de la mañana entra en el centro el último camión. Tras redistribuir la mercancía, toca cargar furgonetas. No empieza el proceso hasta las 8.50 de la mañana, la que llaman la primera wave (la primera oleada de furgonetas). Su horario se anticipó, desde ayer, a las 8:35, previendo más carga de trabajo. El ritmo es clave y la dinámica casi hipnótica. Entran 21 furgonetas, cada 20 minutos. “Normalmente con 3 o 4 waves, salimos todos los repartidores. Lo que se intenta evitar es que el repartidor salga tarde”, comenta Natalia Mojón, repartidora de Kebel Logistics. Así hasta las 10 de la mañana.

Las furgonetas y la entrega corresponden a las subcontratas del reparto: Kebel Logistics y CheckPoint, se encargan actualmente del reparto. Una empresa tiene más de 60 furgonetas y la otra más de 80. Y cuentan unas 50 rutas en condiciones normales unas 70 en etapa de pico de trabajo, expone Joan Colet, director comercial de Kebel. En estas fechas se necesita refuerzo. Se forma al personal antes del Black Friday. “Contamos con un 30% más de repartidores”, asegura Colet.

La dinámica es vertical. Es Amazon quien envía una planificación con las próximas 6 semanas previstas. En base a ella, la empresa de transporte organiza su flota para tener efectivos disponibles. “Estas semanas estamos un poco sobredimensionados porque tenemos que coger los vehículos para el pico de noviembre y diciembre”, comenta Colet. Tras esa vorágine de descuentos y pedidos que encarna el Black Friday, hay un par de semanas que tilda de “valle”, de menor demanda. Pero partir del puente de diciembre, la carga de trabajo no hace más que crecer. 

Natalia Mojón, repartidora de Kebel para Amazon. Pablo Hernández

Rutas de reparto predeterminadas 

Las rutas vienen establecidas por Amazon, en función del flujo de paquetes, secuencia la zona y establece el número de entregas. Se retroalimenta el sistema en base a estadísticas para mejorar la eficiencia, diferenciando zonas urbanas y rurales. “Entre parada y parada tienes 6 minutos en el rural y, en Vigo, puedes entregar varios paquetes en el mismo edificio”, comenta Joan Colet, de Kebel. Los conductores deben conocerse al dedillo sus rutas y, en cierta medida, a los clientes. Para optimizar los tiempos y no intentar entregas donde no hay nadie para recoger. “Si envías al mismo repartidor constantemente la misma zona llega a conocerse los horarios en el que el cliente está en casa. Se conoce las zonas de memoria”. Desde Arcade, Paredes, Vilaboa, Salcedo, polígono de Pontecaldelas y a veces hasta Meira, esta es la ruta que efectúa, actualmente la repartidora Natalia Mojón. Todo para intentar acabar, esta misma semana, a las 3 de la tarde. A veces, a las 5 de la tarde. Un sistema informatizado y de vigilancia controla en tiempo real la ruta y entregas con valoraciones por colores que abarcan del verde a rojo. También se examina la velocidad y tipo de conducción. Todo, con las furgonetas limitadas a 100 kilómetros por hora.

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