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Dos décadas de divisa común

El euro cumple 20 años sólido pese a la crisis y los errores

Alemania y Holanda aparecen como los mayores beneficiarios de la creación de la divisa europea, mientras Francia, Italia y España han pagado un coste elevado

El euro está de aniversario y cumple 20 años

El euro está de aniversario y cumple 20 años

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El euro está de aniversario y cumple 20 años Eliseo Oliveras

El euro cumple 20 años en el bolsillo de los ciudadanos este 1 de enero de 2022 como el máximo símbolo de la integración política de la Unión Europea (UE), aunque inició su andadura como moneda electrónica tres años antes de que comenzaran a circular los billetes. Durante estas dos décadas, se ha consolidado como la segunda divisa mundial después del dólar norteamericano y ha superado las dos peores recesiones desde la Gran Depresión de 1929.

Los gobiernos, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo (BCE) han aprendido de los graves errores cometidos en la crisis financiera de 2008 y la crisis de la deuda europea de 2009-2015. La inmediata actuación del BCE desde el inicio de la pandemia ha evitado los ataques especulativos contra la deuda pública de los 19 países de la eurozona y ha mantenido el crédito barato. La suspensión de las reglas del déficit público ha posibilitado un mayor gasto para amortiguar la recesión del coronavirus sin el desorbitado coste de la política de austeridad.

Fue el anuncio el 26 de julio de 2012 del entonces presidente del BCE, Mario Draghi, de que haría “todo lo necesario para preservar el euro” y la intervención del BCE en los mercados lo que puso fin a la crisis de la deuda. La contundente intervención actual del BCE en los mercados, la creación del fondo de recuperación y la suspensión del pacto de estabilidad a raíz de la pandemia han mostrado cuán contraproducentes fueron la pasividad inicial del BCE en 2009, la subida de tipos de interés en 2011 en plena crisis por Jean-Claude Trichet y la política de austeridad impuesta por Alemania y la Comisión Europea.

Bajo la protección del euro

El euro protege. Sin él, las crisis habrían tenido un impacto mucho peor y eso se refleja en el crecimiento del respaldo ciudadano: el 69% de la eurozona considera ahora que tener el euro es positivo para su país, mientras que en 2007 ese porcentaje se limitaba al 45%, según el Eurobarómetro.

El euro facilita los viajesabarata las transacciones comerciales y ha reducido los costes financieros para los ciudadanos, las empresas y los estados. El tipo de interés del bono del Estado español a 10 años era superior al 12% en 1995 y el tipo de interés de las hipotecas superaba el 11% ese año. Actualmente, el coste que paga el Estado español por un bono a 10 años es el 0,39%, mientras que el tipo de interés medio de las hipotecas se sitúa en el 1,47%, según el Banco de España.

Pese a las dos décadas transcurridas, las reformas y la creación del Mecanismo Europeo de Estabilidad, el euro aún arrastra las deficiencias de la estructura diseñada en el Tratado de Maastricht de 1992: un BCE limitado, la ausencia de un Tesoro común, una coordinación tecnocrática, reglas demasiado rígidas en el gasto público y una unión bancaria por completar.

Estabilidad de precios

El mandato del BCE prioriza la estabilidad de precios, mientras que el crecimiento y el empleo tienen un papel secundario, a diferencia de la Reserva Federal norteamericana y del Banco de Japón. La capacidad de intervención del BCE en los mercados de deuda está muy restringida en comparación con los bancos centrales de EEUU, Japón y Reino Unido y las recientes crisis han mostrado cuán esencial es poder intervenir masivamente para mantener bajos los tipos de interés y evitar ataques contra la deuda pública.

Los reglamentos económicos de la eurozona conducen a una política tecnocrática sin control democrático. Las recomendaciones a los países son decididas por la Comisión Europea y quedan aprobadas automáticamente en el Consejo de Ministros de la UE si no hay una mayoría cualificada de países en contra, casi imposible de lograr. En la práctica, un órgano tecnocrático, que escapa al control democrático y que no responde de sus errores, dicta la política económica a los gobiernos elegidos por los ciudadanos.

Las reglas del pacto de estabilidad, con sus límites de déficit y deuda, son demasiado rígidas. La crisis de la pandemia ha obligado a suspenderlas temporalmente. Pero, si no se reforman, limitarán las inversiones necesarias para frenar el cambio climático, reforzar la sanidad, resolver los problema de vivienda, reducir la desigualdad y evitar que la UE quede rezagada tecnológicamente. Francia, Italia y España lideran la petición de reforma, a la que se oponen Alemania, Holanda y Austria. La crisis de la Covid ha facilitado la primera emisión de deuda común de la UE, pero para Alemania, Holanda y Austria se trata de una excepción irrepetible.

Más desigualdad

La creación del euro no ha aportado la prometida reducción de la desigualdad. Por el contrario, las política económicas y laborales aplicadas la han acentuado. Si en los 19 países de la eurozona había en 2005 un 7,3% de ocupados con ingresos inferiores al umbral de pobreza, en 2019 eran el 8,9%, según Eurostat. En Alemania la cifra subió del 4,8% al 8%, en España del 10,6% al 12,7%, en Francia del 6,1% al 7,4% y en Italia del 8,7% al 11,8%.

El euro ha mejorado sustancialmente la economía de los miembros del Este, pero ha empeorado las divergencias en Europa occidental. Alemania y Holanda son los principales beneficiarios de la creación del euro, mientras que Francia, Italia, España, Portugal y Bélgica han sufrido un elevado coste económico, según el informe del Centro de Política Europea (CEP) alemán '20 años del euro: ganadores y perdedores'.

Alemania impuso sus reglas y reforzó su ventaja competitiva frente a los otros países europeos. La creación del euro enriqueció a Alemania en 1,88 billones entre 1999 y 2017 (23.165 euros per cápita) y a Holanda en 346.000 millones (21.000 euros per cápita), precisa el estudio del CEP. Francia e Italia se empobrecieron en 3,59 billones y 4,32 billones (55.996 y 73.605 euros per cápita). En España, la riqueza aportada por la creación del euro fue destruida a partir del 2010 con la política de austeridad y sufrió un empobrecimiento de 224.000 millones (5.031 euros per cápita). Portugal y Bélgica también sufrieron una pérdida acumulada de prosperidad de 424.000 millones y 69.000 millones (40.604 y 6.320 euros per cápita). 

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