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El Periódico Mediterráneo

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El negocio de las empresas gallegas en Rusia y Ucrania roza los 700 millones

Inditex cierra sus 79 tiendas ucranianas | Combustibles, cereales y fertilizantes dominan la balanza comercial con la zona | Las compañías siguen con preocupación el conflicto

El negocio de las empresas gallegas en Rusia y Ucrania roza los 700 millones.

El presidente de Samaca cuelga apesadumbrado el teléfono. Acaba de hablar con uno de sus principales clientes en Ucrania mientras buscaba refugio junto a la familia fuera de la capital, huyendo de los primeros bombardeos de Rusia. “Narraba los atascos en Kiev, de toda la gente que se está agolpando para huir hacia Polonia, Rumanía... –cuenta Rogelio López–. Creían que era un pulso político, no esperaban que esto llegase tan lejos”. El ataque de Putin empapa de miedo la vida de millones de personas y sacude el comercio internacional cuando todavía no se había recuperado de la embestida de la pandemia. Ucrania es ahora mismo un destino “en impás”, como admite el máximo responsable del principal grupo pizarrero con capital 100% gallego. No representa un negocio crucial para la compañía ni para el resto del sector, pero sí un mercado emergente “que podía tener un recorrido interesante” al igual que el resto de Europa del Este. “Ante todo es una tragedia por las víctimas y un nuevo problema de inestabilidad en la economía”, resume López.

Efectivamente, las exportaciones gallegas a Ucrania no pararon de crecer ni siquiera en pandemia. En 2021 superaron los 109 millones de euros, su máximo histórico, tras un incremento anual del 28%. Destacan los automóviles (51,5 millones de euros), el pescado (14,5 millones), los insecticidas (14,2 millones) y las prendas de vestir (3,2 millones), según el último balance de la Secretaría de Estado de Comercio. Las importaciones casi se duplicaron hasta alcanzar los 149 millones de euros, con el aceite (92,7 millones) y los cereales (40,5 millones) en cabeza, seguidos de los residuos de la industria alimentaria (6,9) y la madera (6,3).

Las compras en Rusia de las empresas de la comunidad crecieron también con fuerza el pasado ejercicio. De 154,6 millones en 2020 pasaron a casi 301 millones en 2021. El 70% del total (212 millones) son aceites de petróleo. Es el cuarto gran proveedor de combustibles para Galicia –por detrás de EE UU, México y Libia– y el primero de fertilizantes (30,9 millones). La moda lidera las exportaciones (23 millones), con una presencia importante de nuevo de los insecticidas químicos (23,2).

“Inditex está siguiendo muy de cerca la situación”, indicó ayer el gigante textil, que decidió echar el cierre de sus 79 tiendas en Ucrania y suspender temporalmente el servicio online. “La seguridad de los integrantes de nuestra plantilla y de sus familias es nuestra prioridad –subrayó la multinacional en una declaración pública– y vamos a ir tomando las decisiones adecuadas a los acontecimientos”. La red en Rusia está formada por otros 527 establecimientos.

La continuidad de la actividad comercial en Rusia dependerá de las medidas que la Alianza Atlántica tome para acorralar al Gobierno de Moscú, especialmente si se deciden aplicar aranceles a la entrada y salida de mercancías. Hay otros golpes fundamentales para las empresas con intereses en el país. Desde los posibles problemas logísticos a la devaluación del rublo.

La posibilidad de aranceles o cierre de fronteras impactan en el flujo comercial

Codeor es otra de las compañías gallegas que exporta a Rusia. El productor ourensano de calzado profesional sigue con preocupación el conflicto. “Nuestro cliente nos ha transmitido cierta tranquilidad, pero evidentemente no sabemos qué deriva puede tener esto”, apunta Lisardo González, director comercial. “Dependerá –afirma– del cierre de fronteras”.

“Indudablemente, todos los movimientos en grandes centros productivos afectan de una manera o de otra”, explica José Luis Tomé, director comercial de Soaga. El fabricante y distribuidor de productos para agricultura y ganadería con sede en Vilanova de Arousa compra cereal en Ucrania y fertilizantes en Rusia. Y en ambos productos, los dos países son una potencia mundial. “No es solo un problema de concentración. Es que China ha prohibido la exportación de fertilizantes. Y Turquía. ¿Vas a buscar una alternativa? Sí. ¿Se cubrirá la demanda? Sí, pero costará más”, asegura Tomé, en un momento convulso ya en los mercados internacionales de los cereales y ante otro posible repunte de precios de las materias primas de la alimentación si, además de la instauración de aranceles o límites a los flujos comerciales para castigar a Rusia, el ataque a Ucrania daña puertos “eminentemente cerealistas” como el de Odessa. Por lo pronto, el país ha optado por cerrarlos.

Terras Gauda trabaja mano a mano con un importador en Rusia, un mercado “por el que se apostó en los últimos cuatro o cinco años, aunque no está en el top 10 de nuestras exportaciones”, señala Iago Becerra, su director comercial. El aviso de sanciones suena en el grupo bodeguero “a aranceles”. Como ya sucedió en la guerra comercial entre EE UU y la UE, los recargos “influyen directamente en los precios, al igual que la inestabilidad en la divisa o un probable freno en el consumo”. “Estamos preocupados”, admite la empresa, frente a este enésimo quebradero de cabeza tras la crisis mundial de las materias primas y los disparados costes energéticos que sufre en su línea de conservas. “Y no olvidemos –avisa– que Rusia es un gran productor de aluminio”.

Citic HIC Gándara Censa es una de las empresas del área de Vigo con mayor conexión con Rusia. Experta en calderería pesada, muchos de sus productos están destinados a minas y las compañías del país figuran entre sus principales clientes. Allí firmaron a comienzos del año pasado el pedido más grande de su historia: 12 molinos para Russian Copper Corporation por más de 17 millones de euros. “No sabemos qué es lo que va a pasar, tenemos un embarque para Rusia en abril y de momento seguimos trabajando”, comenta el CEO, Juan José Agulla.

El responsable de la empresa de O Porriño recuerda que tanto Ucrania como Rusia son dos de los mercados en los que trabajan. “Ahora todo dependerá de las decisiones que se tomen en las próximas semanas”, apunta, “pero nuestros clientes nos trasladan que hay alternativas”. Explica que el megapedido está situado lejos del área de conflicto, por lo que espera “no tener problemas”. “De hecho, este proyecto, por ejemplo, tiene participación de EE UU y se llevaba desde allí, pero ahora se gestiona desde Rusia y Austria”, añade Agulla.

Otra de las industrias del metal impactadas es el naval, tal y como recordó el secretario general de Asime, Enrique Mallón, que vaticina que el conflicto “va a afectar” a la industria gallega. “Además de la industria de la automoción, que es la principal actora gallega en esas zonas, también la industria marítima-naval tiene cada vez más peso allí, en relación con pesqueros o con sistemas de frío”, señaló Mallón.

Empresas como Fluidmecánica, Ibercisa o Naust Marine tienen pedidos en el país en marcha. “Todavía no se saben las sanciones”, apuntan fuentes de la primera, “y nuestros equipos no son militares ni que tengan una tecnología susceptible de que tener un doble uso”. Las tres empresas temen problemas, por ejemplo, en cuanto a la logística o los seguros y garantías. “Por el momento se sigue pagando y encargando”, comenta Ramón Carreira, de la sede viguesa de Naust, que explica que “las empresas rusas no creen que el sector privado sea alcanzado”. En su caso, esta misma semana enviaron equipos de cubierta para la ciudad de Kaliningrado.

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