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El Periódico Mediterráneo

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Interconexiones

MidCat: el gasoducto nonato entre España y Francia que se quiere resucitar para reducir la dependencia de Rusia

La Península Ibérica cuenta con un tercio de la capacidad de regasificación del conjunto de Europa, pero su capacidad de exportación está limitada | Este tubo elevaría la capacidad de interconexión hasta los 15.000 millones de metros cúbicos, aunque lejos de los 55.000 millones del Nord Stream 1

Construcción de un gasoducto.

Son muchas las voces, entre ellas Foment del Treball, la patronal catalana, que en las últimas semanas han resucitado al fallido gasoducto MidCat, que pretendía duplicar la capacidad de interconexión gasista entre España y Francia. El proyecto fue descartado porque era caro y con un bajo interés comercial, pero con el estallido de la guerra de Ucrania y la posibilidad de que Rusia cierre el grifo de su suministro, imprescindible para países como Alemania, resurge el debate alrededor de esta infraestructura nonata, que podría haber impulsado el protagonismo de España como proveedora de gas a Europa, aunque de forma muy limitada.

El Midcat fue un proyecto de los operadores gasistas español (Enagás) y francés (Térega), iniciado a principios de los 2000, con una inversión prevista de 3.000 millones de euros, destinada a transportar 7.500 millones de metros cúbicos de gas natural cada año en ambas direcciones –en la actualidad hay dos gasoductos que conectan España y Francia: el Larrau–Alçay y el Irún–Biriatou con una capacidad total de 7.000 millones de metros cúbicos— a partir de la instalación de un tubo de 1.250 kilómetros, unos 800 kilómetros en Francia y 450 kilómetros en España.

Si bien, la primera fase (conocido con las sigas STEP) estaba formada por un tubo de 227 kilómetros que unía la frontera Francia-España, a través de los Pirineos, por Girona. Pero la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) y su homóloga francesa, la Commission de régulation de l'énergie (CRE) tumbaron esa primera fase del plan en 2019, y un año después hizo lo propio la Unión Europea, al considerar que no había interés por parte de las comercializadoras, así como por los altos costes de la infraestructura y que la capacidad de interconexión de gas entre ambos países no estaba congestionada.

La Península Ibérica cuenta con una posición y estructura gasista estratégica al tener un tercio de la capacidad de regasificación de toda la Unión Europea (España tiene seis regasificadoras y Portugal una, de las 23 existentes en el continente), lo cual le asegura su seguridad de suministro, pues puede traer por barco aquello que no puede llegar a través de gasoducto, ya sea por los tubos de Francia o de Argelia (Medgaz, después de que cerrase en diciembre el Magreb-Europa que atravesaba Marruecos). Pero está muy limitada a la hora de compartir toda esa gran capacidad de gas natural licuado (GNL) a la que tiene acceso. El cuello de botella se reduce a esos 7.000 millones metros cúbicos de capacidad, el máximo que puede transportar a través de las interconexiones francesas, que de existir actualmente el MidCat serían el doble, casi 15.000 millones de metros cúbicos.

Si bien es cierto, la conexión francesa se usa poco y principalmente para importar energía. En 2021, se usó menos del 30% de la capacidad de los tubos actuales, sobre todo, y fue sobre todo para traer gas desde Francia --España importó 20.217 gigavatios-hora y exportó 13.727 gigavatios-hora--. Además, al ver la fotografía de conjunto, la capacidad del gasoducto Nord Stream 1, que conecta Rusia con Alemania a través del Mar Báltico, asciende a 55.000 millones de metros cúbicos de gas. Y la intención de ambos países, de hecho, es duplicarlo, con el Nord Stream 2, ahora paralizado tras el inicio de la guerra. Por lo que el recurso de que España provea a Europa seguiría siendo también limitado si MidCat estuviera en funcionamiento.

Por otra parte, también la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, se ha referido a este resurgir del MidCat este lunes para asegurar que no cambiaría nada de ponerse en marcha en los próximos meses la construcción de un nuevo tubo. “Una infraestructura de estas características no es probablemente la solución que permita facilitar el acceso al gas en Centroeuropa mañana ni para pasado mañana ni los próximos meses”, ha advertido Ribera este lunes en un foro organizado por 'Expansión'. “Esa conexión debe plantearse de modo que sea útil en el conjunto de la vida útil de la infraestructura, pensando en que deba estar preparado para lo que pueda ser necesario de diez años en adelante”, ha añadido la vicepresidenta.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha ido más allá en una entrevista en TVE al puntualizar que la clave no es el gasoducto sino construir interconexiones que sirvan de conducto al hidrógeno verde, el vector tecnológico renovable que pretende sustituir al gas en el futuro para avanzar en la descarbonización de la economía.

Por su parte, el consejero delegado de Redexis, Fidel López Soria, ha reconocido que “las interconexiones físicas será complicado aumentarlas”, aunque a su juicios “sería necesario” hacerlo. Mientras que el consejero delegado de Nortegas, Javier Contreras, ha añadido que esa es una de las grandes discusiones a las que se debe enfrentar España es precisamente la de extender sus interconexiones. “¿Por qué no podemos hacer un esfuerzo de aumentar la capacidad de interconexión con Francia a través de los dos gasoductos que ya tenemos construidos y convertirnos en un ‘hub’ de regasificación y atracción de buques metaneros para que no solo nosotros utilicemos parte de ese gas natural sino que también podamos dirigirlo hacia Europa? Es una oportunidad que tenemos y que al hilo de una transición energética pragmática y con visión de largo plazo podríamos plantearnos como país”, ha agregado Contreras.

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