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El Periódico Mediterráneo

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Cofundadora de Singularu

Cristina Aristoy: La joyera que une calidad y precio asequible

Singularu eleva su facturación más de un 50%, hasta rebasar los 10 millones, y da trabajo a casi 150 personas de forma directa

Cristina Aristoy, cofundadora de Singularu.

Un producto de bajo coste suele estar asociado a una menor calidad del mismo o a un cuestionable respeto de los derechos humanos o del medio ambiente durante su fabricación. De hecho, muchas compañías comienzan a huir de la etiqueta ‘low cost’ por esas connotaciones que han ido calando en el consumidor durante los últimos tiempos. El usuario ha ido descubriendo lo que muchas veces hay detrás del reclamo económico: vuelos hacinados, comida basura o ropa de usar y tirar. Pero no tiene por qué ser así. 

Cristina Aristoy (València, 1988) ha hecho despegar a Singularu batallando contra ese tópico de que lo barato no puede ser bueno, ecológico o estar fabricado en España. Es la cofundadora, junto a Paco Tormo, de esta marca de joyas valenciana nacida en 2015 y que en apenas seis años de vida -y con una pandemia de por medio- se ha hecho un hueco en el inmenso océano que muchas veces supone internet para una firma recién nacida gracias a precios competitivos y a una filosofía verde y comprometida socialmente.

Hoy cuenta con más de 280.000 seguidores en Instagram, ha cerrado 2021 elevando su facturación más de un 50%, hasta rebasar los 10 millones de euros, y da trabajo a casi 150 personas de forma directa.

Aristoy tiene claro el secreto de su éxito: "Ofrecer la máxima calidad a precios asequibles". La responsable no tiene complejos por vender un producto barato y admite en conversación con Activos que esas dos partes, calidad y precio, son su "obsesión absoluta". "Hemos entendido dónde está nuestro hueco", añade. Pero, ¿cómo puede una empresa pequeña ser competitiva en precios, ofrecer productos de calidad y además ser verde?

Para lograrlo, explica, "debes ir de la mano de gente que comparta tus mismos criterios. La sostenibilidad ya no puede ser un coste mayor, no puede ser una excusa para ser más caro. Está de moda pero va a dejar de ser un añadido para ser un requisito". La responsable de Singularu defiende que hay otros muchos apartados donde se puede ahorrar mientras se cuida del planeta -el 99,9% de su plata es reciclada- y se es económico -el precio de la mayoría de sus joyas oscila entre los 15 y los 30 euros-.

"No sólo hay que mirar el coste directo. A nosotras, producir en España y con empresas pequeñas nos ha permitido hacer tiradas menores, resolver antes los problemas con proveedores, reducir costes logísticos, mejorar la comunicación, acortar tiempos de entrega... Me he recorrido muchas ferias de Asia y, si haces números, no sale más barato", remata.

Como buena hija de ‘millennial’, Singularu fue concebida para ser una marca digital. En todo su proceso de gestación, Aristoy destaca el peso que tuvo el hecho de haber vivido dos etapas en el extranjero mientras finalizaba sus estudios. Terminó Diseño Industrial en Londres y más tarde se convirtió en Ingeniera en Organización Industrial en Seúl.

"Fueron dos experiencias buenísimas. Me permitieron aprovechar mis años de estudiante para experimentar, que para trabajar ya tendré muchos», bromea. Además, esos viajes también cambiaron su "visión empresarial". "De la Universitat Politècnica de València muchos salen orientados a Ford -la multinacional tiene una fábrica en la localidad de Almussafes- o al sector auxiliar. Vivir en Londres y Seúl me sirvió para abrirme la mente y ver que hay más mundo al margen de la macroempresa".

Pese a estar orientada a Internet, con el tiempo Singularu ha dado el salto al off line. Es un camino inverso al que recorre la mayoría de comercios pero cada vez más habitual en las firmas nativas digitales. «Hay que entender dónde está el cliente. Son dos canales complementarios y una parte de las necesidades del consumidor son off line», explica Aristoy.

Así, tras abrir cuatro nuevos puntos de venta a pie de calle recientemente, Singularu hoy cuenta con 20 tiendas físicas en más de una decena de ciudades españolas que reportan a la firma cerca del 50% de sus ventas totales. El objetivo ahora es continuar esa expansión física en España y ampliar mercados internacionales en Internet a los que poder saltar más tarde. "¿Estabilizarse? No, eso nunca. Todavía tenemos mucho margen de crecimiento", advierte la cofundadora de Singularu.

"Poco a poco he aprendido a delegar en el equipo"

Ser la máxima responsable de una firma con 150 empleados y con un volumen de ventas que supera los 10 millones de euros no es fácil, y menos si eres madre como Cristina Aristoy: "Siempre he dedicado el 200% de mi día al proyecto, pero voy aprendiendo a delegar. He pasado de estar en todo a estar donde tengo que estar". Con ese poco tiempo libre que puede arañar, asegura que viajar es su prioridad. "Lo echo de menos, aunque este año hemos redescubierto lo bonita que es la Comunitat Valenciana", cuenta.


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