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El Periódico Mediterráneo

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Análisis

El pesimismo está de moda, por Jordi Sevilla

Un 53% de los residentes en España asegura que no llega a fin de mes o que lo hace con dificultad

"El pesimismo es, ahora mismo, algo 'cool'".

Se cruzan apuestas sobre cuándo será la próxima recesión económica. Aunque parezca increíble, un medio tan serio como el ‘Financial Times’ ha realizado una encuesta a medio centenar de economistas sobre en qué momento creen que comenzará la próxima recesión en EEUU. Y el 70% de los encuestados coinciden en decir que será en 2023, aunque discrepan respecto al trimestre concreto, situándose la mayoría en apuntar al segundo trimestre de 2023.

Recordemos que una recesión exige dos trimestres consecutivos con crecimientos negativos del PIB y eso se supone que ocurrirá como consecuencia de la rápida e intensa subida de tipos de interés llevada a cabo por la Reserva Federal ante la rampante inflación que, recordemos, el mes pasado fue en EEUU del 8,6%, apenas una décima menos que la nuestra.

En España, que yo sepa, no se ha realizado ninguna encuesta similar, lo que no impide que esté circulando por ahí la especie de que, tras el imparable ‘boom’ ya anunciado para el verano, allá en torno al otoño, caerá la mundial sobre nuestra economía en forma de grave recesión. Así, sin más. Y como suele ocurrir en este tipo de bulos, uno no sabe que debe preocuparle más: si aquellos capaces de ponerlo en marcha, supongo que pensando debilitar al Gobierno echándole la culpa, o aquellos que se lo están tomando en serio y que son bastantes, por lo que me llega. De momento, parece que eso que llamamos "mercados financieros", que se manejan fatal con tipos cero o negativos, traspasando la experiencia americana a Europa, anticipan fuertes subidas por parte del BCE hasta situar el tipo oficial en el 2% dentro de un año.

La verdad es que si algo está caracterizando a este siglo XXI es que todos los cisnes parecen ser negros. Por tanto, no seré yo quien asegure, tajantemente, que no ocurrirá (con eso juegan los inventores del bulo). Pero sí afirmo que no encuentro ningún dato que le proporcione la más mínima credibilidad. Estamos donde estábamos: con una previsión de crecimiento ligeramente por encima del 4% (la eurozona estará en el 2,6%) y un segundo trimestre donde la inflación empezará a decrecer de forma paulatina. Las previsiones para 2023 se sitúan en un crecimiento cercano al 3%, por encima de la media de los tres años anteriores a la pandemia cuando nadie hablaba de recesión.

Quienes intenten encontrar argumentos racionales para una maniobra clara de manipulación del estado de ánimo de los ciudadanos, podrían señalar dos datos. El primero, la importante brecha social existente en España cuando un 53% de residentes dice que no llega a fin de mes o que lo hace con dificultad. Junto a eso, recordemos que un 35% no puede irse de vacaciones ni una semana al año o que existe un 26% situado en riesgo de exclusión social. Aunque nada de esto es nuevo, desgraciadamente lo arrastramos desde hace años, ante una inflación elevada como la que tenemos, este es el sector que más poder adquisitivo relativo está perdiendo ya que el peso en su cesta de la compra de energía y alimentos, los dos capítulos que más están subiendo precios, es mayor. 

El segundo dato es la normalización de la política monetaria practicada por el BCE que ya se ha traducido en dos medidas: una aceleración de la retirada de compra neta de deuda pública y el anuncio para julio de una primera subida de tipos (un 0,25%) en una década. Con dos matices: el BCE puede mantener hasta finales de 2024 la compra de deuda nueva que sirva para amortizar deuda antigua (intentará con ello compensar desviaciones en la prima de riesgo) y los tipos de interés ya han subido (Euribor y deuda a diez años) incluso antes y más de lo anunciado con el tipo oficial. Si, como señala todo el mundo, la segunda parte del año constata una inflación decreciente, no sería esperable un endurecimiento mayor de la política monetaria europea.

Crucen sus apuestas, si no tienen nada mejor que hacer

Tampoco hay una nueva burbuja especulativa en vivienda. Como gato escaldado, ha bastado que los precios de los pisos en venta estén subiendo, para que no falte quien trae a colación la burbuja especulativa vivida desde finales del siglo pasado hasta que la crisis de 2008 la pinchó en nuestra cara, causando un dolor del que todavía no nos hemos recuperado plenamente.

Diversas estadísticas coinciden en reflejar dos realidades: la compraventa de viviendas se está recuperando a buen ritmo en España y, junto a ello, llevamos cinco trimestres consecutivos con los precios al alza de manera bastante intensa y de forma homogénea por las diferentes comunidades. Según el Índice de Precios elaborado por el INE, la vivienda nueva estaría en el nivel 139 sobre la base 100 que es el precio en 2015, lejos todavía de aquel 152 alcanzado a principios de 2009, y la usada en 136, a distancia del pico de 169 en plena burbuja.

Pero más allá de los precios, hay dos diferencias fundamentales que impiden, con rigor, vincular lo que ocurre hoy en el sector inmobiliario con aquella burbuja especulativa de principios de siglo: las ventas se centran hoy en vivienda usada, porque la construcción de vivienda nueva apenas supera las cien mil al año, frente a los 600.000 pisos nuevos visados en 2008.

Es decir, hoy se construye poca obra nueva, en parte por falta de suelo y, en parte, por ausencia de una política pública destinada a facilitar el acceso a la vivienda en propiedad a aquellos jóvenes a quienes, sin ayuda familiar, el elevado coste de la entrada (no cubierto por la hipoteca) les expulsa del mercado de compra, a pesar de los bajos tipos de interés que hemos tenido. El resultado de estas restricciones es que miles de jóvenes se están quedando atrás, sin la principal inversión de sus vidas y, en paralelo, asistimos a una subida de precios en compra de vivienda usada y, también, en alquiler, al tener que absorber estos mercados aquella demanda que, en otra situación, se inclinaría por adquirir vivienda nueva.

Mal negocio para todos

Definitivamente, el pesimismo es, ahora mismo, algo ‘cool’, tal vez porque demasiada gente camina mirando por el retrovisor y con miedo al futuro. Y el mayor riesgo, que los mercados financieros encuentren rentable especular contra la deuda de algunos países, como en 2011/12 hicieron contra el euro y, a principios de los 90, contra el Sistema Monetario Europeo. Pura especulación dañina.

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