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La paridad euro/dólar consume los ahorros

La guerra, el temor a la recesión y la brecha entre el BCE y la Fed desinflan el euro

Una moneda de un euro entre billetes de dólar.

Hace 15 años, quien iba a Estados Unidos volvía con una maleta llena de productos más baratos que permitían ahorrar dinero. Y es que, en 2008, un euro llegó a intercambiarse por más de 1,5 dólares, lo que hacía que allí la capacidad de compra fuera mayor que en España por el cambio de euro a dólar. Pero esa situación ha dado un vuelco y, desde el martes pasado, el tipo de cambio de la moneda única y el del billete estadounidense han alcanzado la paridad. Es decir, cada euro vale un dólar y este último incluso ha ganado llegado a ganar más valor. Esto vuelve a ocurrir dos décadas más tarde y tras acelerar el euro su declive en los últimos 12 meses, en los que se ha dejado un 15% de su valor.

Ello es consecuencia de la guerra en Ucrania, que ha derivado en el temor de que llegue una recesión económica en Europa, con una elevada inflación y gran incertidumbre sobre el posible corte de suministro del gas ruso. Otro de los puntos principales está en cómo los bancos centrales han puesto medidas para tratar de contener la economía en estas circunstancias, y que se ha llevado a cabo de forma dispar. La Reserva Federal ya ha jurado la guerra a la inflación subiendo los tipos hasta el 1,75%, y no va a quedarse ahí en la escalada, mientras que el Banco Central Europeo (BCE) todavía los mantiene en el 0%. La primera subida del BCE en 11 años se espera del 0,25 puntos este mes. "Los inversores se van donde hay más tipos de interés y seguridad, por eso la demanda de dólares y su valor refugio aumenta salvajemente", explica Juan Carlos Higueras, profesor de EAE Business School.

Esta situación podría obligar a Europa a subir más los tipos de interés y antes de lo previsto para alcanzar el mismo nivel, según los expertos. Aunque existe una contrapartida que alejaría esa decisión, y es el elevado endeudamiento de algunos de los países de la Unión Europea. "Si suben los tipos de interés, la deuda será más cara y puede ser difícil de sostener para los más afectados por ella", según explica Vicenç Hernández, economista y CEO de Tecnotramit. Pero, ¿cómo afecta esta situación a los consumidores?

Un dólar más fuerte añade más presión, si cabe, a la inflación, ya que los países de la eurozona compran las materias primas en dólares. "Debido a esto, la población también se verá afectada por la caída del euro, teniendo en cuenta que el encarecimiento de productos básicos como la energía y los alimentos reducirá aún más su poder adquisitivo", explica Itsaso Apezteguia, analista de mercado de Ebury. Con este efecto, los combustibles ya han sobrepasado los máximos históricos, vaciando el bolsillo de los usuarios.

La posibilidad de ahorro se aleja de las casas, mientras que el que ya tiene un monto acumulado verá un recorte en su patrimonio al nivel de la inflación, más allá del 10%. Los endeudados a tipo variable -como en las hipotecas- también comprobarán revisiones al alza. En productos de inversión, gran cantidad de flujo de capital se dirigirá hacia EEUU, tanto al hablar de bonos, como de acciones o inmuebles, señala Hernández.

Como factor positivo, la eurozona se convierte en un destino más atractivo para el turismo internacional. Esto llevará mayor riqueza y empleo a aquellos que trabajan en el sector. Los que planifiquen su viaje a EEUU deberán aumentar su presupuesto.

Consecuencias en empresas

Respecto a las compañías, "tienen dos opciones, o asumen la subida de costes y reducen sus márgenes de beneficio o lo trasladan a los precios. Pero entonces se arriesgan a perder clientes", explica Carlos Balado, profesor de OBS Business School. Con el euro más débil, las importaciones para las empresas españolas son más caras y esa dificultad se suma al aumento de los precios de las materias primas y de la energía. En la otra cara de la moneda, la parte más positiva para las compañías es el de las exportaciones, dado que se abaratan y eso hace que aumenten y puedan contribuir a un crecimiento del PIB. Sin embargo, Balado añade que "el impacto del precio de la energía hace que no sea suficiente para que haya ese efecto positivo".

Sin solución en un horizonte cercano, la evolución del euro y el dólar variará según el resultado de la reunión de tipos del próximo 21 de julio del BCE y así como de la evolución del IPC estadounidense. "Hay cierta resistencia a que caiga más la paridad pero, a corto plazo, un euro podría llegar a valer 0,9 dólares", pronostica Higueras. A medio plazo, los analistas creen que la moneda única seguirá en horas bajas por la situación macroeconómica, que no invita a pensar que Europa tenga mejores condiciones que EEUU. Una solución podría ser el final para la guerra en Ucrania, que aliviaría las tensiones. Aunque, mientras eso no ocurra, la pelota estará en el tejado del BCE.

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