El miedo y la preocupación hace que muchas veces los padres y madres aboguemos por prohibir demasiado a los hijos. “No te metas en los charcos que te manchas” o “No hagas eso que te vas a hacer daño” son algunos de los ejemplos que decimos en el día a día.

Los hijos e hijas necesitan límites y normas, pero es un error prohibir sin haber pensado antes en ellos. La educación que les damos no debe guiarse por aquellos miedos e ideas que les proyectamos, sino que debe articularse según sus necesidades, no las nuestras.

Prohibir de manera excesiva a los hijos es un signo de sobreprotección. Sobreprotegemos a nuestros hijos por miedo a que les pase algo, les prohibimos la mayoría de sus conductas y les controlamos cada detalle.

Consecuencias de prohibir demasiado a los hijos

Una educación basada en la prohibición puede tener varias consecuencias en el desarrollo de nuestros hijos e hijas:

Falta de autonomía

Cuando bombardeamos a nuestros hijos con prohibiciones, no les permitimos que descubran por sí mismos el entorno que les rodea, lo cual va a condicionar su propia autonomía. De esta manera, cuando quieran hacer algo por sí solos no sabrán y tendrás que que recurrir a nosotros. Como explica el psicólogo Alberto Soler, autonomía significa "permitirles experimentar, mancharse y entrar en contacto con algo que les apetezca hacer". Si cada vez que nuestros hijos hacen algo les respondemos con una contestación, una advertencia o una prohibición, no se van a sentir seguros, van a depender de nosotros y de nuestra aprobación.

Debemos revisar nuestras prohibiciones porque si no, como ejemplifica con gran humor Alberto Soler, acabaremos siendo los padres y madres que acompañan a su hijo a la revisión de los exámenes de la universidad.

Baja autoestima

Si a cada paso que dan los niños y niñas nosotros les ponemos un muro para que no avancen, se irán sintiendo incapaces, inseguros y con poca autoestima. Al no verse capaces de hacer las cosas por sí mismos, su autopercepción irá disminuyendo. Como señala la psicóloga Patricia Ramírez, “hacer cosas solos les da una sensación de control” y les proporciona seguridad, confianza y una imagen positiva de ellos mismos.

Miedo en los hijos

"No hagas esto o te caerás". Cada que vez que usamos un lenguaje prohibitivo, les estamos mandando un mensaje basado en el miedo. Estamos proyectando en ellos temores y advirtiendo que, todo lo que hacen solos, es peligroso.

Una educación basada en la prohibición afecta al autoestima de los niños Pexels

Consejos para desterrar una educación basada en la prohibición

Estos cuatro consejos nos pueden ayudar a reflexionar y cambiar nuestro estilo educativo prohibitivo:

Límites necesarios

Tenemos que enseñar desde que son pequeños que hay límites, que no prohibiciones, que se deben respetar. Hay límites que deben acatar por su propia seguridad, como dar la mano cuando están en la calle o llevar la sillita en el coche. Pero hay otros límites que ponemos a los deseos que tienen nuestros hijos e hijas. Por ejemplo, nuestro hijo quiere ver la tele mientras se cena, pero no se lo permitimos porque en casa nunca se cena con pantallas alrededor. Este límite es necesario, porque es una norma de casa y nuestro hijo sabe que no es tiempo de usar las pantallas.

Expresar sus emociones: nunca digas a tu hijo “no llores”

Llorar es una reacción humana que tenemos cuando nos sentimos tristes. No podemos evitar ni prohibir que nuestros hijos lloren. Para una buena gestión emocional es necesario, como nos dice la educadora y psicopedagoga Mar Romera en esta ponencia, experimentar todas las plataformas emocionales que existen. Si no dejamos que nuestro hijo llore, estaremos invalidando sus emociones.

Evita usar el no sobre cada conducta de tu hijo. Dale opciones

La negación va unida siempre a un prohibición. "No puedes hacer eso"; "No te subas al árbol"; "No te permito que vayas allí". Si no estamos de acuerdo con aquello que quieren hacer nuestros hijos, podemos ofrecerles varias opciones. Por ejemplo, si quieren comerse un bollo y nosotros vamos a decirles "no puedes merendar eso", podemos evitar esta frase y ofrecerle alternativas: ¿y por qué no tomamos un gran bol de frutas entre nosotros?

Permítele experimentar para que se dé cuenta de sus limitaciones

Los niños y niñas están ansiosos por mojarse, lanzarse al barro, trepar los árboles, subirse a los columpios... Si les prohibimos cada una de estas conductas -como se ha dicho antes- no van a desarrollar autonomía. Debemos dejarles que experimenten, siempre bajo nuestra supervisión, para que ellos mismos se den cuenta de sus limitaciones: se caen cuando se suben al árbol, necesitan ayuda para montarse en los columpios, no les gusta el barro en su cara...