Salen corriendo del colegio, los recibes con tu mejor sonrisa y les haces la pregunta mágica: ¿Qué tal el cole hoy? Por supuesto la respuesta única y automática es: “pues bien”. Es mejor no insistir, porque la respuesta automática es decirte que eres un/a pesado/a.

Quieres saber su día, cómo les ha ido, que cuenten cómo se sienten pasando tantas horas en el colegio, pero no sueltan prenda. Aquí te dejamos algunas pautas para mejorar la comunicación.

4 claves para mejorar la comunicación en familia

Aunque a veces nos resignemos, y creemos que no podemos cambiar la situación, hay algunas cosas que podemos hacer los adultos para revertir la situación y mejorar la comunicación en familia.

  1. Si siempre utilizas la misma pregunta y obtienes la misma respuesta, ¿no será mejor cambiar la pregunta? Si les hacemos preguntas que se responden con bien o mal, sí o no, la respuesta es cerrada. Haz preguntas más abiertas, como, por ejemplo: ¿Qué has aprendido hoy? ¿Cómo te has sentido hoy? ¿Qué es lo que más te ha gustado del día de hoy en el cole?
  2. Cuenta tú también cómo te ha ido el día. Los niños aprenden a través del ejemplo, por lo que si nosotros contamos cómo nos ha ido el día, cómo nos hemos sentido o lo que ha ocurrido, ellos también lo harán.
  3. Busca el momento. Quizá cuando salen del colegio están demasiado excitados como para contar su día, pero durante la tarde seguro que hay un momento donde reina la calma y podéis comenzar una conversación.
  4. Agradece y transmite lo importante y gratificante que es para ti esos momentos de conversación.

Claves para una comunicación positiva con nuestros hijos

Adquirir nuevas estrategias para mejorar la comunicación nos ayuda a conectar con la otra persona, en este caso, con nuestros hijos. Que no contesten a nuestras preguntas cuando salen del colegio es solo un ejemplo, seguro que a lo largo del día sientes que te falta comunicación con ellos. Aquí van algunas propuestas de la mano de la coach de familias Raquel de Diego:

1. Escuchar activamente y con empatía.

Tratando de conectar con sus emociones, mirando a los ojos y estableciendo contacto físico con nuestros hijos. Nuestros pequeños son

expertos a la hora de detectar cuándo los escuchamos a medias. Seguro que a ti tampoco te gusta ser escuchado a medias.

2. No reproches

En lugar de juzgar, etiquetar o reprochar, expresa desde nuestras emociones: “Me enfada ver este desorden en tu cuarto”, “Me pone muy triste que me hables así”.

3. Comprometernos con la comunicación positiva

Dando un ejemplo firme y expresando confianza. “Yo te hablo con respeto y no te estoy gritando, confío en que puedes comunicarte igual”.

4. Centrarnos en lo positivo

Al calificarlos, centrarnos en lo positivo y en las soluciones y evitar juicios demoledores. “Ayer ordenaste muy bien tu cuarto, veo que eres muy capaz de hacerlo. ¿Cómo crees que podrías ordenarlo como ayer todos los días?” en lugar de “Siempre tienes el cuarto hecho una leonera”.

5. Calificar las conductas, no a nuestros hijos

En este sentido, nos funcionará cambiar el verbo "ser", por el verbo "estar". Veamos un ejemplo: Cambiaremos "eres un desordenado" por "tu cuarto está desordenado", y siempre pensando en soluciones y confiando en que pueden encontrar esa solución: "¿Cómo crees que podemos conseguir que tu habitación se quede ordenada todos los días antes de dormir?"

Si conseguimos que desde niños nuestros hijos se expresen con nosotros de una forma abierta, cuando lleguen a la adolescencia (esa edad de oro) podrán seguir confiando en nosotros. Fomentar una buena comunicación abierta y respetuosa facilita que todos nos adaptemos a las nuevas etapas por las que pasamos como ciclo evolutivo, y nos ofrece una familia con empatía, criterio propio y unión junto a la diversidad de opinión.