La economía de Castellón levanta el vuelo con el desafío de hacer frente a los costes

La mejora de la industria y el turismo y el alza del consumo y del empleo dan alas a la economía que, no obstante, se enfrenta a retos como la competencia del exterior y la transición energética

Dos operarios instalan paneles solares en una empresa.

Dos operarios instalan paneles solares en una empresa. / MEDITERRÁNEO

Elena Aguilar

Elena Aguilar

La economía de Castellón está empezando a recuperrase del shock que en 2023 supuso una inflación galopante que erosionó el poder de compra de las familias y una subida de tipos de interés que puso por las nubes los créditos y las hipotecas. Y por si ya no fue bastante, a esa lista de penurias se unió una profunda crisis energética que durante meses dejó malherido al azulejo, la principal industria de la provincia. Hoy, pese a las tensiones internacionales (la guerra en Ucrania, el conflicto en Oriente Próximo o la crisis diplomática con Argentina), junto al creciente clima de crispación política en España, el camino parece algo más despejado. O, al menos, ya no hay tantos nubarrones a la vista. Eso sí, las alegrías van por barrios. Lo mismo que los desafíos a los que se enfrentan algo más de 61.000 empresas y pequeños negocios que, sin duda, constituyen el corazón de la economía de toda la provincia. 

Indicadores económicos de Castellón

Indicadores económicos de Castellón / MEDITERRÁNEO

Pese a los agoreros, el grueso de las previsiones hablan de un 2024 bueno para Castellón. El último análisis de BBVA Research, publicado a mediados de este mismo mes, utiliza conceptos como «dinamismo», «aceleración» y «crecimiento fuerte» para referirse al futuro más inmediato de la economía de la Comunitat que, según este mismo informe, crecerá este año un 2,1%. El dato más positivo, sin embargo, vendrá de la mano del empleo, ya que este informe pronostica la creación en todo el territorio valenciano de más 100.000 nuevos trabajos entre 2023 y 2025.

Si la economía evoluciona claramente a mejor es gracias, en buena parte, a la buena marcha del azulejo. Esta actividad, que representa el 23% del Producto Interior Bruto (PIB) de Castellón, vivió en 2023 su particular annus horribilis como consecuencia de los desorbitados precios del gas, el principal input energético del sector. Una crisis energética pocas veces vista que después derivó en una de demanda y que se tradujo en una fuerte caída de la facturación del 14% y un descenso de la producción del 21%.

El 2023 fue un año para olvidar y en este 2024 la buena noticia es que no hay tantos nubarrones a la vista. La patronal azuleja Ascer considera que este ejercicio será de «transición» y espera que la mejoría definitiva llegue entre el último trimestre principios del 2025. Mucho más optimista es el informe Situación y perspectivas del sector cerámico, presentado hace pocas semanas por la consultora Deloitte y cuya conclusión principal es que el azulejo encara un año con crecimiento de la demanda en los mercados nacional, europeo y estadounidense que llevará a recuperar un 13,9% los beneficios brutos. Y todo gracias al mantenimiento del aumento de precios de los últimos años y a la normalización del coste de la energía.

Descarbonización urgente

Se mire donde se mire todo apunta al fin de la crisis del azulejo, pero las empresas del sector se enfrentan a grandes desafíos. Uno de los más importantes es la descarbonización. Europa aprieta y el objetivo para 2030 es reducir un 55% las emisiones de CO2, un porcentaje que hoy por hoy el sector de Castellón ve inasumible. «Con los datos del 2023 la única forma de alcanzar el objetivo de reducción de emisiones es destruyendo producción y empleo», advertía hace unos días Alberto Echavarría, secretario general de Ascer, quien insiste en la necesidad de que Bruselas flexibilice estos condicionantes para que la cerámica sea competitiva respecto a fabricantes de otros puntos del mundo donde no existen estas obligaciones.

El aeropuerto de Castellón suca cada año nuevos vuelos

El aeropuerto de Castellón suca cada año nuevos vuelos / MEDITERRÁNEO

Los retos medioambientales preocupan, y no poco, al azulejo y otro motor de la economía de la provincia, el turismo, sigue con su particular lucha por colgar el cartel de completo durante todo el año. Tras acabar un 2023 con buenos datos de ocupación tanto en hoteles como en cámpings, apartamentos y alojamientos rurales, para este verano las previsiones también son muy buenas, aunque el gran reto a superar continúa siendo romper con la estacionalidad. Eso y convertir al turismo en una industria que sea mucho más atractiva para los trabajadores.

El despegue del aeropuerto

Llenar hoteles todo el año no es tarea fácil (Castellón depende en un 80% del turismo nacional), pero nadie duda de que el despegue del aeropuerto puede contribuir a darle la vuelta a la situación. Las instalaciones de Vilanova d’Alcolea no dejan de levantar el vuelo y prevén cerrar el año con 366.000 viajeros, 83.000 más que en 2023. Otro hito será la apertura este mismo viernes de Magic Wolrd, el gran resort de Orpesa, que el pasado noviembre llegó a las nuevas manos del Magic Costa Blanca y el grupo Fuertes.

Menos despejado está el camino para la agricultura. Tras un invierno caliente, con decenas de protestas y tractoradas, el campo en general y la citricultura en particular continúan inmersos en una crisis que compromete su futuro por falta de rentabilidad y relevo generacional. ¿Los enemigos? Básicamente los altos costes de producción, la entrada cada vez más masiva de fruta foránea (la importación de naranja barata de Egipto durante esta campaña ha hundido los precios de la fruta local) y unos precios en el campo que apenas dan para vivir y que están detrás del abandono de decenas de fincas.

La entrada de naranja de fuera ha hundido los precios en Castellón.

La entrada de naranja de fuera ha hundido los precios en Castellón. / Gabi utiel

La lista de obstáculos a superar es abultada, pero también hay muchas fuerzas expansivas. Una de las más importantes viene de la mano del empleo, que sigue creciendo a buen ritmo. Como también lo hace la creación de empresas y de autónomos (solo en el último año la provincia ha ganado 414 profesionales por cuenta propia), lo que muestra el dinamismo de una economía de la que tira el consumo de las familias.

Que viene el tren

Otra de las claves fundamentales en este momento tiene que ver con las infraestructuras. Y es que en estos momentos hay dos obras en ejecución que están llamadas a cambiar el futuro de Castellón. Una es el acceso ferroviario al puerto de la ciudad y la estación intermodal cuya licitación es inminente. Otra es el corredor mediterráneo, una infraestructura que conecta el eje entre Algeciras y la frontera francesa y que este miércoles el Gobierno se comprometió a tener finalizado para 2030. 

El tren está llamado a revolucionar el transporte de mercancías, pero a medio plazo la economía de Castellón se enfrenta a un problema del que hasta hace muy pocos meses casi nadie hablaba: la sequía. Desde el pasado 1 de octubre, el déficit de lluvias se estima en un 75% y, ante la previsión de un verano sin apenas precipitaciones, nadie se atreve todavía a cuantificar el impacto económico que tendrá la falta de agua. 

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