Una cosa es que Alberto Ruiz-Gallardón se ofrezca para adosarse a Mariano Rajoy a la espera de ver qué depara el futuro y otra, muy distinta, es que el fundador del PP aliente el debate sobre quién va a suceder al actual líder. Cuando la polémica parecía adormecida, Manuel Fraga dio uno de sus golpes sobre la mesa y volvió a sacudir el avispero. Dijo que es hora de "ir preparando las sucesiones". Eduardo Zaplana le llevó la contraria y replicó que aún no es el momento, y que la culpa la tiene el PSOE, que intenta despistar.

Dado que al veterano político no se le conocen veleidades con la izquierda, la respuesta del portavoz causó perplejidad. Zaplana no pudo ofrecer ninguna explicación sobre las declaraciones de Fraga, así que optó por desmentirlas y sentenciar: "No tenemos ninguna sucesión prevista porque quedan muchos años". Para el portavoz popular, muchos años son 12. Cuando se dio cuenta de que se le había ido la mano, los cifró en ocho. En cualquier caso, se esforzó en parecer contundente cuando afirmó que en el PP "no hay ningún problema, y mucho menos de sucesión".

LA JUSTIFICACIÓN Pero lo que don Manuel soltó el pasado lunes no fue una de esas frases lapidarias que acostumbra a cerrar con un "dicho esto, no tengo nada más que añadir". El fundador del PP justificó que cree que ha llegado el momento de ir negociando los relevos. "Porque un partido no se puede valer con un solo hombre".

Se lo contó a los periodistas después de una cena-homenaje que le ofrecieron en la localidad coruñesa de Cabanas. Al veteranísimo dirigente, que acababa de preparar a la concurrencia una fuente de pisco-sour --orujo de uva con limón, azúcar y clara de huevo--, se le había preguntado su opinión sobre Gallardón y su insistencia en postularse como número dos de las listas. El senador demostró que apoya al alcalde de Madrid y que sabe, mejor que nadie, lo difícil que son las sucesiones porque a él le salió mal con Jorge Vestrynge y Antonio Hernández-Mancha. Y el intento de Isabel Tocino se quedó en eso. Así, declaró: "Hace falta más de uno, bien lo sé yo".

El respaldo de Fraga a Ruiz-

Gallardón no es nuevo. Siempre le ha considerado un hijo --como él, el alcalde de Madrid es también un pata negra del Partido Popular-- y ha demostrado su admiración por su altura intelectual. De hecho, nunca ha expresado la menor crítica sobre las ambiciones del edil, como sí han hecho Zaplana, Ángel Acebes y Esperanza Aguirre.

Los pocos dirigentes populares que quisieron opinar se atuvieron al guión. Únicamente Vicente Martínez-Pujalte se atrevió a bromear con las palabras de Fraga y declaró sobre él: "No creo que se postule". Después, se puso serio y dijo que la verdadera sucesión será "la de Zapatero por Rajoy en Moncloa". Con menos sentido del humor, Jaime Ignacio del Burgo tildó el debate de "cuestión extravagante" que solo lleva a "perder el tiempo".

El diputado de UPN llamó a centrarse en lo importante. Esto es, en ganar las elecciones. Los sinsabores que Gallardón y ahora Fraga están procurando a la cúpula del PP chocan frontalmente con ese objetivo. Tal vez por eso, Zaplana se puso ayer lírico y aseguró que los populares "se elevarán" y saldrán "del fango en el que el PSOE" les quiere meter.

Como es lógico, José Blanco consideró que las palabras de Fraga ponen de relieve el "clima derrotista" del PP. Al número dos del PSOE le faltó tiempo para colgar en su blog el artículo De aquellos polvos vienen estos lodos, donde recordó cómo la sucesión de José María Aznar fue un "dedazo" que explica la actual situación de la oposición.