Cuando no tienes de tu parte ni a Serrat ni a Sabina, pasa lo que pasa. El PP se ha agenciado un himno de campaña compuesto, dicen, por un abogado aficionado a la música. Se titula Revolución popular y su letra deja caer tales perlas (incluso llama "a la revuelta"), que al final uno acabará creyendo en la existencia de eso que los politólogos llaman leninismo de derechas. A Rajoy la campaña le está quedando medio rara. Mientras, los minoritarios, que ayer chuparon cámara por primera vez, permanecen a la espera: cabreados con el bipartidismo pero confiados en que, tras el 9-M, uno de los dos grandes tenga que acudir a pedirles árnica.

Por eso los guiños y desplantes relativos a posibles alianzas poselectorales se prodigaron ayer en mítines y en el debate a siete, al que PSOE, PP y la mayoría de los invitados enviaron candidatos de segundo nivel. Bueno, de segundo nivel pero cuya capacidad para expresarse y explicar sus respectivas posiciones resultó bastante más eficaz que la exhibida por los dos números uno. El socialista Jáuregui estuvo bien. Al igual que el correctísimo y competente González Pons, que supo mostrar la mejor cara de la derecha.

Coalición Canaria, PNV y CiU prefieren dejar la puerta abierta al futuro. Se muestran críticos con los socialistas y (más aún) con los conservadores. No obstante, están preparados para alcanzar acuerdos con quien corresponda. Saben perfectamente lo que quieren. Todo va a depender de los resultados. Y lo único que abre incógnitas es la forma en que un Rajoy victorioso, pero sin mayoría absoluta, podría reconstruir los puentes con los nacionalistas moderados. ¿Retirará al recurso de inconstitucionalidad contra el Estatut? ¿Mejorará todavía más el concierto vasco? A la gente le hizo gracia que de repente Aznar hablase catalán en la intimidad. Pero su sucesor no parece que pueda permitirse el lujo después de lo dicho y redicho durante estos cuatro años.

Mientras llega el futuro, todo son hipótesis. Jordi Cané, de CiU, incluso ha dejado caer una fecha fija: su partido ganará las elecciones catalanas del 2010 y en ese momento culminará un proceso de acercamiento a los socialistas, de forma que los convergentes incluso pasarían a tener ministros en el Gobierno central... de Zapatero.

La clave audiovisual

Definitivamente, la campaña es esencialmente audiovisual. Las televisiones e internet, así como las ediciones digitales de los diarios son el verdadero escenario donde cada cual se juega los votos. Ha aterrizado en YouTube un videomontaje anónimo, en el que aparece Rajoy contando su historieta de la niña y, a renglón seguido, Carmencita Franco, la hija del Caudillo, deseándoles a los niños de la España de posguerra unas bendiciones casi clavadas a las del líder conservador. Pronto ha empezado a recibir visitas por miles, luego ha sido enviado masivamente como correo electrónico. Es realmente gracioso y demoledor para la derecha. Vale por decenas de mítines.

El hecho de que su primer cara a cara resultase espeso y reiterativo, no reduce el morbo que despierta el feroz enfrentamiento político y personal que se traen entre manos Zapatero y Rajoy. Así que el lunes habrá otro lleno ante las pantallas y los altavoces. Esos dos hombres se aborrecen mutuamente y eso carga de dramatismo sus enfrentamientos dialécticos, aunque luego no resulten gran cosa.

Ayer, los dos aspirantes a presidente dedicaron la mañana a descansar y por eso los informativos del mediodía no sabían de dónde sacar material para llenar el hueco. Reaparecieron Acebes, Caldera... hasta Pizarro (y eso que este, después de vérselas con Solbes, se ha transmutado en espíritu doliente y casi invisible). Por la tarde, Zapatero mitineó en A Coruña y Rajoy hizo doblete en Alicante y Murcia (donde estrenó el delirante himno).

El secretario general del PSOE sigue sin inmutar su particular guión para actos de masas. Se repite y se queda tan tranquilo. Lo mismo le pasa al presidente del PP con sus latiguillos. Pero se le nota más lanzado. El "estoy bien, estoy preparado" se ha ampliado en las últimas horas de la forma que sigue: "Estoy en forma. Soy un ciclista, veo la meta, me lanzo al esprint porque cuento con el mejor equipo para prepararlo. Y ese equipo... ¡sois vosotros!", dice. La parroquia alicantina lo aplaudió mucho.

Después del próximo cara a cara, la campaña estará finiquitada. Sus últimos días serán perfectamente prescindibles. Es más, si fuese por los socialistas, iríamos a votar el día 4 o el 5. Creen que la competencia ya les ha hecho el trabajo principal. Solo les queda recoger los frutos.