Cabizbajo, con el rostro desencajado, tembloroso en ocasiones y triste, muy triste, Carlos Dívar protagonizó ayer el que todo apunta a que será su último acto institucional como presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y del Tribunal Supremo. La que debía ser una vistosa celebración del bicentenario del Supremo se convirtió en una fría despedida a un presidente que en su discurso institucional evitó hacer referencias a su futuro, ni a su complicada situación creada por sus viajes de fin de semana a cargo del erario público.

En presencia del Príncipe, que sustituyó a su padre, de viaje en Arabia Saudí por la muerte repentina del príncipe heredero, Dívar leyó solo una frase que se pudo contextualizar en el "calvario" que, según insistieron sus colaboradores, está atravesando: "Un Estado que socave la posición institucional del poder judicial, dificulta o hace inexistente el Estado de derecho". Y unos pocos vieron en la referencia de Dívar en su discurso al Manifiesto de los Persas, una crítica a sus compañeros del consejo. El citado escrito fue promovido por un grupo de diputados que traicionaron el espíritu de la Pepa para abrir la puerta a la vuelta al absolutismo de Fernando VII.

NI ROBLES, NI BENÍTEZ Al acto no asistieron el vocal promotor de la denuncia contra Dívar, José Manuel Gómez Benítez, ni la vocal Margarita Robles. Y otros vocales críticos como Carles Cruz o Margarita Uría, asistieron al acto institucional, pero no se quedaron al aperitivo posterior.

El acto fue solemne, pero frío, casi helado. Los numerosos asientos vacíos constataron la soledad del presidente en sus últimas horas al frente del CGPJ y del Supremo. Y tras sus palabras algunos ni aplaudieron, y otros, la mayoría, lo hicieron brevemente y para romper la tensión del acto. A su lado, el ministro de Justicia, Alberto Ruíz-Gallardón, que hasta el último momento mostró su apoyo al magistrado y con quien Dívar habló unos minutos antes de empezar.

El Príncipe arrancó su discurso con un "afectuoso saludo" del Rey y casi al final subrayó que "es el momento para celebrar, pero también para reflexionar serenamente". Ya en el solemne salón de pasos perdidos del Supremo, Dívar respondió a un periodista que quiso saber cómo se encontraba: "Bien, bien, sereno y tranquilo". Al acabar, otros medios le preguntaron si el de ayer sería su último acto y contestó: "No lo sé, no lo sé".

LAS QUINIELAS En los corrillos se empezó a hablar de quién asumirá la presidencia del Tribunal Supremo y del CGPJ cuando el , con toda probabilidad, Dívar convierta esa decisión "contundente" en dimisión. Y había consenso en la necesidad de que los reemplazos se realicen lo antes posible para apaciguar el grave desprestigio que el escándalo de sus viajes mal justificados ha tenido para la justicia.