El rey Juan Carlos atajó ayer el desaire provocado por la reciente visita del príncipe Eduardo de Inglaterra, hijo menor de la reina Isabel II, a Gibraltar --que incluyó una imagen de su madre proyectada en la Roca-- y se desplazó hasta la localidad de Algeciras para expresar in situ su apoyo a los pescadores y a la Guardia Civil, que se encarga de las labores fronterizas en el Estrecho y que ha protegido a los barcos españoles durante los hostigamientos recientes de la policía gibraltareña. "Os apoyaremos y trabajaremos por vosotros", garantizó el jefe del Estado a los marineros afectados.

La reunión con representantes de los pescadores de Algeciras y La Línea de la Concepción fue una decisión personal del Rey. Los barcos españoles llevan semanas sin poder faenar en aguas que la colonia considera propias. Las autoridades del Peñón sostienen que sus redes dañan la zona, pese a que se ajustan a la normativa comunitaria, y la mesa de estudio que debe resolver el problema aún no se ha pronunciado. Según revelaron los afectados, el Monarca se interesó por todos los pormenores del conflicto y por sus reivindicaciones. Los pescadores le pidieron que interceda ante el Gobierno para buscar una solución en un conflicto "que no es pesquero ni medioambiental, sino político".

El Rey se comprometió a trabajar para resolver el contencioso. Antes de este encuentro concreto, Juan Carlos, que llegó a Algeciras sin muletas pero cojeando y acompañado del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, visitó el Río Segura, uno de los buques oceanográficos destinados por la Guardia Civil al control marítimo de fronteras y a la lucha contra el narcotráfico y la inmigración ilegal. También realizó un breve recorrido por las instalaciones del Centro Regional de Vigilancia Marítima del estrecho de Gibraltar.