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Refugiados ucranianos

Cuatrocientos euros por traer a un ucraniano: la picaresca oculta tras la solidaridad con los refugiados

"Somos solidarios, pero no millonarios", dice uno de los conductores que cobra a los refugiados que quieren salir de Cracovia

Una furgoneta procedente de la frontera con Polonia con varias familias de refugiados llega en un municipio de Barcelona y es revisada por agentes de la Policía Nacional. RICARD CUGAT

"¿De dónde saco yo 900 euros?", se pregunta desesperada Tatiana Panibratova, una ucraniana establecida en la localidad gerundense de Bescanó que desde que estalló la guerra en su país busca la manera de sacar de los bombardeos a su nieto, Artur, de 6 años, a su nuera y su consuegra enferma. Entre las oleadas de solidaridad y generosidad que ayudan la huida de los refugiados de la guerra, hay quien se aprovecha de esta situación desesperada para sacar tajada. La gerundense llamó a uno de los conductores de furgonetas que traen refugiados desde la frontera polonesa hasta Barcelona, que le pidió la suma de 300 euros por persona. Fuentes policiales afirman que este negocio tiene poco de ilegal, aunque las oenegés especializadas temen que tras esta petición de dinero haya un chantaje a posteriori que pueda derivar en esclavismo doméstico o sexual.

El bullicio de desesperación, miedo y angustia en las puertas del Consulado de Ucrania en Barcelona es constante, especialmente lo era en los primeros días después del estallido de la guerra en el este de Europa. Era habitual encontrar residentes en Catalunya completamente desesperados reclamando ayuda para traer a sus familiares. Fue el caso de Tatiana Panibratova, que el 28 de febrero se desplazó hasta la sede de la calle Numancia implorando ayuda. Entonces no había aún el corredor ferroviario gratuito, ni tampoco la seguridad del permiso de protección temporal. Y las redes sociales ardían. "Fue allí donde me dieron varios teléfonos de personas que podían traer a mi familia en furgoneta", explica Panibratova.

Artur, el nieto de la mujer vivía con su madre y su abuela en la ciudad portuaria de Odesa. La anciana, de 65 años, tiene una enfermedad que le impide andar y moverse. Es por ello que la familia tardó dos semanas para llegar hasta la frontera polaca. Mientras, Tatiana iba contactando con los conductores para organizar la llegada de su familia hasta Girona. "Me dijeron que teníamos que pagar 900 euros o no los traían", cuenta indignada. "Yo no tengo este dinero, no lo puedo entender. Se están aprovechando de nosotros", lamenta la abuela. Otra compatriota también hizo lo mismo que ella, en este caso se trataba de una madre con tres hijos, una de las cuales con una discapacidad física que se mueve en silla de ruedas. "Para ella ha sido imposible, le pedían 1.200 euros. ¡Y la familia está en el paro, no pueden ni planteárselo!", prosigue.

Gasto en gasolina y peajes

El precio medio de estos viajes por persona cuesta 300 euros, aunque en algunos casos esta suma puede llegar a los 400. Depende de hasta donde de lejos llegue la furgoneta. "Es que nosotros somos solidarios pero no millonarios", responde uno de los conductores de los vehículos, Vladimir, que se dedica prácticamente de forma exclusiva a realizar estos viajes de rescate. Justifica el pago por el precio de la gasolina. "Para repostar me gasto 1.000 euros, y con los peajes son 200 más, yo hago esto por solidaridad con mis compatriotas, pero no puedo permitirme pagarlo todo de mi bolsillo", explica. Reclama el dinero en efectivo, a poder ser a la llegada de los refugiados a Barcelona, porque los vehículos suelen salir con comida, ropa o medicamentos hasta los almacenes de las entidades humanitarias. Una vez allí recogen a las personas que han pedido una plaza. "Desde Varsovia son 250 euros por persona, y en Cracovia 300 euros", pide. E insinúa que otras furgonetas cobran un precio más alto. Teniendo en cuenta que estos vehículos tienen hasta ocho plazas, si van llenos, sus conductores pueden ingresar más de 2.000 euros por viaje.

Fuentes policiales admiten que, a pesar de ser un acto moralmente reprobable, no se puede considerar delito. "Ni de trata de seres humanos, ni de entrada de inmigración irregular porque la Unión Europea ha permitido la entrada y el movimiento de ciudadanos ucranianos. No ocurriría lo mismo si se tratara de ciudadanos sirios, para poner un ejemplo", explican estas mismas fuentes. Sin embargo, también apuntan que podrían aplicarles algún tipo de multa o sanción administrativa al ejercer un negocio de transporte de pasajeros sin estar habilitados para ello ni cumplir las licencias e impuestos pertinentes. "En el fondo, es una forma de viajar hasta España más segura y más cómoda que el tren, que es el corredor humanitario gratuito", añaden estas mismas fuentes.

Chantajes, engaños y trata

"El problema será si hay personas que no les han avisado que tienen que pagar por el viaje, o que al llegar aquí les piden un dinero que no tienen. En la frontera ya se han encontrado con personas que se hacen pasar por voluntarios de las oenegés para captar a refugiados", avisa Rosa Cendón, directora de SICAR Cat, una entidad especializada en el tráfico de personas. Los engaños se pueden convertir en una trampa para los que opten viajar en furgonetas de desconocidos, y que una vez en España carezcan de familiares que puedan arroparles. La preocupación entre los cuerpos de seguridad y las oenegés es extrema, y la cooperación constante. "Nos tememos que se contraigan deudas morales, favores. Por ejemplo caseros que ofrecen sus casas a las mujeres refugiadas y que luego se puedan convertir en esclavas domésticas, desempeñando tareas del hogar, esclavas sexuales o que les obliguen a trabajar sin remuneración ni contrato", insiste Cendón.

En este conflicto es la primera vez que las oenegés han trabado una red para informar a los refugiados ucranianos de los peligros de la trata de personas y han extendido recomendaciones y consejos durante todos los puntos claves del trayecto. En uno de estos puestos en la frontera polaca la madre y la abuela de Artur decidieron no subirse a la furgoneta para llegar a Girona, y optaron por la travesía gratuita en tren, en la que han tardado cinco días. Tatiana les recibió en la estación de tren el pasado domingo 20 de marzo. "Yo ya estoy tranquila, al fin están a salvo conmigo", suspira la mujer, que se está planteando informar a los Mossos d'Esquadra sobre la identidad de los conductores que quisieron cobrarle. "Es un engaño y una estafa en mayúsculas y la gente lo tiene que saber", insiste.

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