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Las cuentas del rey emérito

Las invitaciones a cacerías del rey Juan Carlos una vez abdicado serán delito fiscal si no fueron donaciones

Los técnicos de Hacienda se preguntan cómo archivó la Fiscalía si Hacienda sigue requiriendo información

Juan Carlos I, con dos búfalos cazados en Botswana en 2012.

Un fin de semana a cuerpo de rey, transportado, alojado, y con puesto gratis en una montería solo puede ser dos cosas a ojos del fisco: un incremento de patrimonio no justificado o una donación. Y eso es lo que ahora se tendrá que dirimir según el abogado Javier Sánchez-Junco vaya respondiendo a los requerimientos de información sobre regalos que le hace Hacienda al contribuyente Juan Carlos de Borbón.

Según adelantó 'El Mundo', el área de inspección de la Agencia Tributaria quiere saber quién le ha pagado las cacerías a las que ha acudido el ex jefe del Estado una vez abdicó. Quién y cuánto, porque la cuantía, el valor del regalo, ya no tan valorable en caso de un incremento de patrimonio, sí lo es en el segundo supuesto, el de la donación.  

No obstante, el dato es clave en los dos escenarios. "Si esas cacerías supusieron un incremento de patrimonio no justificado, y por tanto tramita Hacienda el caso, estaríamos entrando en el terreno del delito fiscal, independientemente de la cuantía de lo no declarado, porque quedan sin efecto, por ser incompletas, las dos regularizaciones que presentó el rey emérito”, explica a El Periódico de Catalunya, diario del mismo grupo, Prensa Ibérica, que este periódico, Carlos Cruzado, presidente del sindicato de técnicos de Hacienda GESTHA. 

Si las invitaciones que recibió fueron dádivas de amigos o aduladores, el asunto deberá entonces examinase fiscalmente como donación y por la vía de la Comunidad de Madrid, que es la administración que entiende de donaciones recibidas por residentes en su territorio. Juan Carlos I lo era antes de irse a Abu Dabi, en el momento en que, ya rey emérito, siguió disfrutando de su afición cinegética como invitado. 

“No se entiende que la Fiscalía, se supone que con el visto bueno de Hacienda, haya archivado sus investigaciones si resulta que todavía Hacienda está pidiendo información que puede afectar a la validez de las regularizaciones presentadas", reflexiona el fiscalista Cruzado, señalando un nuevo misterio difícil de entender en todo el proceso de avenencia de Juan Carlos de Borbón con el fisco, y que podría también explicar la limitación de sus apariciones en España.

Por su parte, fuentes del ministerio público han mostrado a El Periódico de Catalunya cierto escepticismo ante afirmaciones que vean sin ningún género de dudas la comisión de un delito fiscal en las cacerías con las que fue agasajado el emérito y que investiga Hacienda, al considerar cuando menos "muy discutible" que estas actividades, así como los regalos, se puedan considerar "un incremento patrimonial", informa Ángeles Vázquez. Las mismas fuentes recuerdan que la fiscalía archivó "con los datos y el informe que proporcionó Hacienda".

Si el rey emérito no incurrió en delito fiscal por acreditar que aquellas invitaciones fueron regalos y no pagos, tiene ante sí un desembolso importante. Para el caso de donaciones de entidades ajenas o personas no familiares, la Comunidad de Madrid aplica tipos de entre el 18,7% y el 34% para cantidades de más de 100.000 euros. El fisco madrileño calcula primero el valor de la donación recibida en el momento en que se hizo, antes de repasar si son aplicables exenciones o reducciones de la base imponible. El rey Juan Carlos abdicó en su hijo Felipe el 18 de junio de 2014.

Mecenas millonarios

En una de sus regularizaciones, los asesores del rey emérito ya tuvieron que aclarar en calidad de qué su primo Álvaro de Orleans le pagó gastos de viajes desde la Fundación Zagatka. Entonces el afectado lo declaró por la vía del impuesto sobre la renta. El filón cinegético de regalos al monarca es en parecido modo difícil de valorar. Si ya detentando la jefatura del Estado la totalidad de sus cacerías se mantuvo bajo un velo de discreción, como si fuera un asunto privado -descorrido por el desgraciado episodio de Bostwana-, posteriormente, ya sin corona, han sido consideradas sus salidas a cazar parte de una agenda privada, ajena a la Casa Real.

No obstante, en el mundo de la caza son sobradamente conocidos algunos de los mecenas locales del rey Juan Carlos, por sus apariciones en fincas de Ciudad Real, que es la provincia preferida del monarca abdicado para cazar. El financiero y empresario farmacéutico Juan Abelló y el hombre de negocios, fallecido en 2020, Alfonso Cortina fueron dos de sus principales agasajadores en fincas manchegas de su propiedad: El Lobillo la de Abelló, y Pago de Vallegarcía la de Cortina. También el alto ejecutivo Fernando Sáiz Luca de Tena, propietario de una conocida finca perdicera, Pinos Largos, en Picón (Ciudad Real), en la que coincidió el rey en el año 2000 con George Bush, ya expresidente de Estados Unidos, y el general norteamericano Norman Schwartzkopf. En la lista de invitaciones de entonces está igualmente el millonario británico Hugh Grosvenor, duque de Westminster, dueño de La Garganta, en Almodóvar del Campo.

La mayoría de ocasiones en que estos magnates invitaron al entonces jefe del Estado no son fiscalmente imputables. Ningún tratamiento fiscal tendrán tampoco por parte del fisco las cacerías en las que el rey emérito fue el anfitrión, en la finca estatal de Encomienda de Mudela, en Viso del Marqués, calificada en tiempos de su reinado como la mejor reserva de perdiz roja de España.

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