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Celebración

Diada de Cataluña: de la unidad antifranquista de 1976 a la pugna ERC-Junts

El catalanismo ha evolucionado en los últimos 46 años desde el primer 'Onze de Setembre' tras la dictadura | Después de una década de 'procés' con marchas multitudinarias, la división marca este año la jornada

Celebración de la Diada en Sant Boi en 1976. PACO ELVIRA

El periodista andaluz Manuel Chaves Nogales, una de las plumas más lúcidas del siglo XX español, dejó escrita su admiración por las demostraciones multitudinarias de entusiasmo de los catalanes. Cuando viajó a Barcelona en febrero de 1936, justo después de la victoria electoral del Frente Popular, se exclamó: "En ninguna región de España se sabe lo que es el entusiasmo popular si no es en Cataluña".

Los catalanes, o una parte de ellos, se han empeñado en darle la razón desde que, en 1976, desempolvasen la tradición de celebrar la Diada con una gran manifestación. Cuarenta años después de que Chaves Nogales se admirase del fervor político y festivo que vio en Barcelona, la ciudad de Sant Boi acogió el primer 'Onze de Setembre' tras la muerte de Franco.

Sant Boi, como es conocido, no fue la primera elección de quienes querían reivindicar el retorno de las libertades perdidas durante la dictadura. Hubo negociaciones para celebrar el acto en el parque de la Ciutadella de Barcelona pero, cinco días antes de la Diada, el gobernador civil de la capital catalana, Salvador Sánchez-Terán, comunicó a los negociadores de la oposición democrática que no autorizaba esa ubicación. Dos días antes del 11 de septiembre, ofreció la posibilidad de celebrar un acto en Sant Boi, donde está enterrado Rafael Casanova.

Miquel Sellarès, que luego ocupó cargos públicos designado tanto por Convergència como por Esquerra, fue uno de los negociadores. "A mí me hicieron el máximo responsable de la organización, pero yo sin el PSUC no podría haber hecho nada. En aquellos momentos la independencia era una entelequia: era una Diada por las libertades nacionales también, pero sobre todo por las libertades democráticas. Eso no quiere decir que gente como yo no fuéramos independentistas", recuerda ahora.

La manifestación fue un éxito, y congregó a demócratas de todas las tendencias. Aunque su volumen estuviera lejos de los recuentos más entusiastas -se habló entonces de 100.000 asistentes, pero el colectivo Contrastant ha establecido, en años recientes, que en la plaza Catalunya de Sant Boi caben poco más de 27.000 personas-, aquella muchedumbre demostró que las cosas habían empezado a cambiar.

Un río de 'senyeres'

"Nos singulariza que la primera Diada después de la dictadura se hiciera aquí", dice la alcaldesa de Sant Boi, la socialista Lluïsa Moret. Ella tenía 11 años en 1976, pero recuerda la escena. "Vivíamos en una calle que da a la plaza Catalunya. Mis padres fueron hacia allí y yo me quedé con mi hermana pequeña y mi abuela viéndolo por la ventana. Recuerdo la imagen de un río de gente con 'senyeres' que venía de todas partes", dice Moret.  

Entre los que fueron a Sant Boi estaba el periodista Xavier Sardà, que entonces tenía 18 años. "Era muy emocionante. En casa se estaba muy solo con todo lo que estaba pasando. En la calle se incidía en la Transición. Lo recuerdo con la lagrimilla, aquello fue imprescindible", dice Sardà.

El precedente de Sant Boi sirvió para que, al año siguiente y ya en Barcelona, se celebrara la primera marcha catalanista verdaderamente de masas desde el final de la Guerra Civil. La "manifestació del milió" -la cifra es, de nuevo, muy discutible- reivindicó "llibertat, amnistia i Estatut d'Autonomia", el lema de la Assemblea de Catalunya que ya se había coreado en las concentraciones no autorizadas de febrero de 1976.

Esa fue la manifestación más grande de la historia de Cataluña hasta la segunda década del siglo XXI, cuando empezaron las grandes marchas independentistas del 'procés'. Pero casi cada año desde 1977 las concentraciones han marcado de una u otra forma el escenario político, de manera que la Diada ya se ha convertido en la apertura oficiosa del curso.

La Diada de 1978 fue la del Govern provisional; en la de 1979 hizo fortuna el lema 'Un sol poble'; la de 1980 fue la primera tras la proclamación oficial del Onze de Setembre como fiesta nacional de Cataluña. En los años posteriores, la paulatina declinación en el entusiasmo popular no impidió hitos históricos como la elección del Fossar de les Moreres para las concentraciones del independentismo más vehemente (1981) o la selección de ese día para la puesta en marcha de las emisiones regulares de TV-3 (1983). 

Enseguida la jornada se transformó en un lugar ideal para que los políticos anunciaran posiciones estratégicas o comentaran la actualidad. En varias ocasiones la Diada sirvió para condenar atentados de Terra Lliure (1987 y 1989), y en 1997 la comidilla fueron los abucheos que había recibido Raimon en Madrid pocas horas antes, durante el acto de homenaje al concejal asesinado por ETA Miguel Ángel Blanco.

Escarceos preelectorales

En los últimos años del siglo XX la Diada fue escenario de varios escarceos preelectorales. En 1998 la jornada vivió el primer duelo entre Jordi Pujol y Pasqual Maragall, que se enfrentarían en las urnas un año después. En 2000, los focos estuvieron sobre Artur Mas y Josep Antoni Duran Lleida, que se disputaban la sucesión de Pujol.

En 2001 se desconvocaron los actos institucionales después de los ataques terroristas en EEUU. Dos años después, en vista de las circunstancias, Pasqual Maragall proponía vincular de alguna manera los 11-S de Cataluña, Estados Unidos y Chile: la efeméride de la toma del Palacio de la Moneda y el asesinato de Salvador Allende, en 1973, siempre ha marcado la jornada de una manera u otra. Pero la primera Diada de Maragall como 'president', en 2004, destacó por el homenaje a la 'senyera'.

El declive gradual terminó en 2011. Ese año, Artur Mas anunció el Onze de Setembre, meses después de la sentencia del Estatut, que una "nueva transición" estaba "en marcha". Al año siguiente empezaron las manifestaciones multitudinarias que acompañaron todo el 'procés': cientos de miles de personas -o millones, según quien las cuente- se han movilizado desde entonces por la independencia en cada Diada, a excepción de la de 2020, muy encogida por el covid.

Contar independentistas

Carme Forcadell, que en su condición de líder de la Assemblea Nacional Catalana entre 2012 y 2015 -y después como presidenta del Parlament- fue una de las principales responsables de esas movilizaciones, ve "un cierto hilo conductor" entre las primeras manifestaciones, como la de Sant Boi, y las masivas marchas soberanistas, pero también diferencias. "Muchas personas que fueron a las primeras fueron después a las independentistas pensando que eran una continuación. Pero lo que cambió en esas últimas Diadas es que dijimos que podía ir quien quisiera, pero que las manifestaciones eran independentistas y que a quien fuera se le contaría como independentista", dice a este diario.

Este año, las desavenencias entre ERC y Junts en el Govern se han trasladado a la Diada y está por ver si las concentraciones mantendrán las magnitudes numéricas de los años previos a la pandemia. Forcadell admite que hay gente "decepcionada y triste" por la "falta de empuje" de la situación actual. Pero también avisa a los periódicos "ilusos enterradores" del catalanismo que describió Francesc Pujols de que la causa soberanista no está muerta. "No puedes pedir a la gente que esté continuamente movilizada y en la calle. Vaya o no vaya, que yo creo que habrá gente pero no la brutalidad de los años entre 2012 y 2015,  hay una mayoría que quiere la independencia. Que no vayan no quiere decir que hayan dejado de ser independentistas", afirma Forcadell.

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