Igual que se pudrió el montón de dólares que Jean-

Bertrand Aristide guardaba en su mansión, los cadáveres se apilaban aún ayer en morgues sin refrigeración y toneladas de basura llenaban las calles de los arrabales de la capital de Haití, donde los chimeres seguían haciendo de las suyas mientras los marines patrullaban por las alturas pudientes. Ante la falta de agua, comida, medicinas, seguridad y estabilidad política, el exalcalde Evans Paul, que se resiste a ser primer ministro porque aspira a la presidencia, denunció que la "situación es intolerable" y clamó por la "ayuda de la comunidad internacional".

La Comisión Europea desbloqueó 1,8 millones de euros (299 millones de pesetas) para la atención médica de las víctimas; pero la Cruz Roja, que cuenta con ocho ambulancias, pidió a sus donantes casi el doble para financiar las urgencias de los próximos cuatro meses.

DISTRIBUCIÓN La ONU advirtió de que aún reina el caos en gran parte del país y la distribución de la ayuda sufre dificultades; sus 30 toneladas de medicinas y purificadores de agua permanecían en el aeropuerto ante la "falta de seguridad en las calles".

Tras la retirada de los rebeldes del antiguo cuartel, el opositor Evans Paul exigió que la policía desarme también a los chimeres, que el miércoles provocaron una carnicería en el barrio pobre de La Salines, que se saldó con 30 muertos más.

EEUU conservaba la batuta, hasta el punto de albergar al presidente interino, Boniface Alexandre, en casa de uno de sus diplomáticos, o imponer al nuevo jefe de la policía. La ministra española de Exteriores, Ana Palacio, dijo que España puede contribuir con tropas, después de que la Comunidad del Caribe (Caricom) frene el envío de las suyas y exija una investigación de la salida de Aristide, a la que tildó de "peligroso precedente para las democracias".