Por lo que se ve --y hay imágenes impublicables-- los invasores norteamericanos en Irak han sembrado ira y abominación en proporciones inimaginables. Más espantoso aún que el execrable escarnio de los cadáveres es el hecho de que toda una población --incluidos los niños-- participen de semejante ritual truculento contra Estados Unidos.

La lección es también evidente: una guerra desencadenada a base de sangre y fuego sólo puede cosechar más odio y violencia. Lo demás son cuentos.

Periodista.