El Parlamento italiano hizo ayer las paces con la historia al elegir como presidente de la República al excomunista Giorgio Napolitano, de 81 años, conocido como el reformista, el británico, el aristócrata y también, en el pasado, como el ala noble del PCI (el extinto Partido Comunista Italiano). El centroderecha votó en blanco, en protesta porque los progresistas --tras ganar las elecciones por poco más de 24.000 votos-- presentaron un único candidato y no un abanico de nombres. Sin embargo, la coalición liderada por Silvio Berlusconi no votó totalmente unida.

Tras su elección, Napolitano salió a la calle, en el centro de Roma, donde fue ovacionado por una multitud. "Sí, claro que estoy emocionado, ¿qué le parece?", dijo, respondiendo a una señora. La elección fue acogida con gran entusiasmo también en Nápoles, su ciudad natal.

La agenda prevé que el lunes Napolitano jure el cargo, en sustitución de Carlo Azeglio Ciampi, y después encargue a Romano Prodi la formación de Gobierno, que se presentará ante las cámaras dentro de 10 días. Napolitano fue elegido con 543 votos a favor sobre un total de 990 votantes. Al tratarse de la cuarta vuelta de votaciones, la mayoría requerida era de 505 sufragios.

"UN ERROR" A pesar de que el voto era secreto, los diputados, senadores y representantes regionales de la derecha pasaron a gran velocidad por la urna, dejando claro que estaban votando en blanco, como impuso Silvio Berlusconi. Dos diputados de la centrista Unión Demócrata Cristiana (UDC) declararon que habían votado por Napolitano. Pierferdinando Casini, líder de la UDC y expresidente del Congreso, afirmó que era "un error no votar a Napolitano".

También Gianfranco Fini, de la exfascista Alianza Nacional (AN), aliada de Berlusconi, intentó, sin conseguirlo, que su partido votase al dirigente excomunista. "Si le votan, salimos de la coalición", amenazó Roberto Maroni, de la Liga Norte.

Sandro Bondi, coordinador nacional de Forza Italia, el partido de Berlusconi, aprovechó la elección del jefe del Estado para anunciar que los conservadores utilizarán "todos los métodos y formas que ofrece la democracia para hacer valer las razones de la mitad del pueblo italiano, incluida la huelga fiscal, que forma parte de las opciones de desobediencia civil".

Prodi, líder del centroizquierda y próximo jefe de Gobierno, lamentó "que los conservadores no hayan entendido que Napolitano será verdaderamente el presidente de todos los italianos". Berlusconi, por su parte, deseó "un buen trabajo" a Napolitano y mostró su esperanza de que sea "imparcial", pero reiteró su desazón por un método que excluye la mitad del país de las instituciones."La izquierda ha ocupado todos los altos cargos", denunció el líder de Forza Italia.

OPOSICIÓN SIN ÉXITO Al amparo de poseer la mitad de los votos de Italia, Berlusconi se ha opuesto sin éxito a los candidatos de la Unión para jefe de Estado, para presidente del Parlamento, cargo que ha recaído en el comunista Fausto Bertinotti, y para presidente del Senado, cargo que ejercerá Franco Maroni.

La acusación de haber sido comunista "ya no significa nada, como tampoco significa nada el pasado casi fascista de algunos dirigentes de Alianza Nacional", comentó desde Londres el historiador Mack Smith, especializado en asuntos italianos. "Hoy se cierra definitivamente la historia de la I República italiana", puntualizó el moderado Clemente Mastella, líder de Unión Democrática Europea (Udeur).