Los iraquís se despertaron ayer con la noticia de la ejecución de los dos reos que faltaban por colgar en la horca por la matanza de chiís en Dujail. Ibrahim Barzan al Tikriti, jefe de los servicios secretos de la dictadura y hermanastro de Sadam Husein, y Awad al Bandar, presidente del Tribunal Revolucionario, fueron llevados al patíbulo de madrugada, como sucedió hace más de dos semanas con Sadam Husein. Para la comunidad chií se hizo justicia, mientras que para los sunís fue un acto de venganza.

El portavoz del Gobierno, Alí al Dabagh, fue el encargado de comunicar a la prensa las dos ejecuciones, ocho horas después de que se hubieran llevado a cabo. Dabagh aseguró que los ajusticiamientos se han llevado a cabo según el reglamento. "Los condenados no fueron maltratados, sus derechos no han sido violados, no ha habido cánticos", aseguró. Sin embargo, informó que el cuerpo de Barzan al Tikriti se desprendió de la cabeza y cayó al suelo. Según algunos testigos, los dos hombres temblaban antes de ser ejecutados.

EVITAR EL LINCHAMIENTO A media mañana, y después de que algunos líderes sunís aseguraran que el cuerpo de Al Tikriti había sido mutilado después de muerto, el Gobierno iraquí mostró a un reducido grupo de periodistas el vídeo, sin sonido, de la ejecución. Según los informadores, en las imágenes, que no serán difundidas públicamente, se aprecia como el cuerpo del hermanastro de Sadam, enfundado en un mono color naranja, se separa de la cabeza justo después de caer por la trampilla, mientras el de Al Bandar cuelga de la soga. El patíbulo parece ser el mismo que se utilizó para ahorcar a Sadam Husein el pasado 30 de diciembre.

El Gobierno dijo que las ejecuciones se llevaron a cabo conforme a la ley. Solo un reducido grupo de personas, entre las que se encontraban el fiscal, un juez y un médico, pudieron presenciar el ahorcamiento. Antes de entrar en la sala, los asistentes tuvieron que firmar un documento comprometiéndose a "respetar la dignidad de los condenados", según dijo Al Dabagh. Una medida para evitar el ambiente de linchamiento que presidió la muerte de Sadam.

Las autoridades había planeado ejecutar a Al Tikriti y Al Bandar junto al expresidente iraquí, pero en el último momento se echaron atrás, sin dar explicaciones. Al igual que el dictador, los dos fueron condenados a muerte el pasado 5 de noviembre acusados de la matanza 148 civiles del pueblo chií de Dujail en 1982.

OÍDOS SORDOS A LA ONU El Gobierno de Bagdad, dominado por los chiís, ha desoído a las organizaciones de derechos humanos y al secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, que pidió, tras la muerte de Sadam Husein, que se detuvieran las ejecuciones en Irak. En el mismo sentido se expresó también la semana pasada el presidente iraquí, el kurdo Yalal Talabani, que ayer se encontraba en Siria de viaje oficial.

POSICIONES ENCONTRADAS El portavoz de la Casa Blanca, Scott Stanzel, dijo que Irak ha hecho justicia con aquellos que han "cometido crímenes contra la humanidad". El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, afirmó: "Ningún hombre tiene el derecho de quitar la vida a otro hombre".