Irlanda sentenció ayer la suerte del Tratado de Lisboa sobre la reforma de las instituciones de la Unión Europea (UE) en un referendo cuyo incierto resultado se conocerá esta tarde. Mientras Europa teme verse arrastrada a una crisis, los irlandeses parecían votar teniendo solo en la mente sus propios intereses nacionales. El empate en los sondeos y la importancia crucial del índice de participación atizaron la lucha entre los partidarios del y los del no hasta el último momento. Con los colegios electorales ya abiertos, uno y otro bando trataron de movilizar a indecisos y apáticos.

La BBC calculaba que, con una participación inferior al 40%, el resultado sería posiblemente el rechazo del Tratado. Los más optimistas esperaban una afluencia a las urnas del 50%.

El primer ministro, Brian Cowen, aprovechó el momento de depositar su papeleta en la localidad de Tullamore, en el condado de Offaly, para pedir a los ciudadanos que se tomaran en serio la consulta y fueran a votar, "tantos como sea posible". "He llevado a cabo una batalla positiva y honesta, lo mejor que he podido", dijo comentando las incidencias de una campaña mucho más beligerante de lo previsto.

Cowen, que era ministro de Asuntos Exteriores cuando los irlandeses echaron por tierra, en el 2001, el Tratado de Niza, en una consulta similar, dijo que "confiaba" en la victoria del .

LLAMADAS A DOMICILIOS Los militantes de Libertas, el principal grupo a favor del no, llamaron por teléfono a los domicilios de potenciales votantes contra el Tratado para asegurarse de que iban al colegio electoral antes del cierre a las diez de la noche (las once en España). Las llamadas se concentraron en Dublín, "donde se juega la verdadera batalla", según una fuente de esa organización, montada por el multimillonario Declan Ganley.

"Creo que he provocado un buen debate. Pase lo que pase, es la voz de los irlandeses la que está hablando y hoy es un buen día para la democracia", afirmó el hombre al que la prensa dublinesa apoda mister no.

La votación, en un día laborable y de climatología inestable, comenzó muy lentamente. Antes de las once de la mañana apenas había votado un 2% y a media tarde, según los datos de la Radio Televisión Irlandesa, rozaba el 20%. Muchos dejaron la cita para después de la salida del trabajo, de vuelta a casa.

GAÉLICO E INGLÉS Las papeletas blancas, en gaélico y en inglés, tenían una casilla donde se leía tá/yes, para ser marcada con una cruz por quienes aceptaban el Tratado de Lisboa, y otra que rezaba nil/no para los detractores.

El recuento comenzará a las nueve de esta mañana en el centro de Dublín, donde se congregará también la numerosa prensa internacional que ha ido al evento. Los irlandeses parecen, sin embargo, poco impresionados con tanta atención y despliegue. A la hora de considerar su voto, estos proeuropeos convencidos solo parecen tomar en consideración sus propios asuntos.

PLAN B A pesar de que oficialmente no hay un plan B, en Dublín los medios de comunicación ya comenzaban a hablar de la posibilidad de celebrar un segundo referendo, a finales de este año, en el caso de que el texto no quede aprobado ahora.