Corea permanece como un fósil de la guerra fría. Sesenta años después de que empezara el conflicto armado, un mismo pueblo sigue dividido por una frontera fuertemente militarizada y sin signos de mejora. La conmemoración del inicio de la guerra de Corea (1950-1953) sirvió para evidenciar la crudeza de los tiempos que corren, marcados por el barco surcoreano recientemente torpedeado.

La ceremonia fue solemne y elegante en Seúl, con la participación de veteranos de guerra y las banderas de los países que enviaron tropas o ayuda médica. El presidente, Lee Myung-Bak, pidió a Pyongyang que cese sus "provocaciones militares", reconozca su responsabilidad en el inicio de la guerra y se disculpe por hundir el Cheonan. Al norte del paralelo 38, decenas de miles de norcoreanos desfilaron por la capital amenazando a Seúl y Washington.