Una vez despejadas las dudas sobre el remitente y los destinatarios, la Casa Blanca reconoce abiertamente que no tienen claro si el objetivo de los terroristas era que los paquetes bomba enviados el jueves desde Yemen estallaran al llegar a las sinagogas de Chicago a las que iban dirigidos o, por el contrario, detonar su mortífera carga durante el traslado en avión. El viejo debate sobre la seguridad aérea ha vuelto a intensificarse después de que ayer se confirmara que al menos uno de los paquetes enviados desde Saná, el que fue interceptado por la policía en Dubái, fue transportado en un avión de pasajeros de Qatar Airways hasta Doha, y de ahí en otro vuelo comercial hasta los Emiratos Árabes Unidos.

El asesor antiterrorista de la Casa Blanca, John Brennan, confirmó ayer a la CNN que los paquetes bomba podían haber estallado en pleno vuelo porque su "sofisticado" diseño permitía que fueran activados por control remoto o incluso de forma automática, sin que hiciera falta detonarlos físicamente.

Mientras las autoridades siguen buscando otros paquetes sospechosos en diferentes partes del país, el asesor de Barack Obama advirtió que sería "imprudente" trabajar sobre la hipótesis de que los terroristas no realizaron más envíos en otros aviones, aunque a renglón seguido se mostró confiado en que ya han sido interceptados todos.

PRINCIPAL SOSPECHOSO The New York Times y The Washington Post aseguraron ayer, citando fuentes oficiales, que el principal sospechoso de haber fabricado las bombas es el terrorista saudí Ibrahim Hasan al Asiri, de 28 años y mano derecha del clérigo radical Anwar Al Awlaki, de origen estadounidense, jefe de Al Qaeda en la Península Arábiga, que tiene su base de operaciones en Yemen.