David Cameron ha tenido que pisar el freno y dar marcha atrás en algunas de las reformas esenciales que pretendía llevar a cabo en la sanidad pública (NHS). Cameron aceptó ayer los cambios sugeridos por medio centenar de expertos, que habían criticado su propuesta.

Los integrantes del llamado NHS Forum abogaron por unos cambios mucho más lentos y una apertura a los proveedores privados más moderada y dirigida siempre a mejorar la atención del paciente, y no a ahorrar dinero. Los médicos y otro personal sanitario se mostraron satisfechos con la revisión, que consideran una victoria.

Las múltiples críticas de los profesionales de la medicina y de la ciudadanía han obligado al primer ministro británico a lo que se ha calificado como "un giro humillante". La reforma ahora aguada corre el peligro de aumentar las tensiones en la coalición gubernamental, después de que los liberales rechazaran las medidas originales en su conferencia de primavera.

PLAZOS ARBITRARIOS El jefe de los liberal demócratas, Nick Clegg, había prometido bloquear cualquier propuesta con la que no estuviera de acuerdo, y se ha salido con la suya. "Habrá cambios, pero ocurrirán al ritmo oportuno, y es por eso por lo que se han eliminado los plazos arbitrarios", declaró en la conferencia de prensa conjunta, que celebró con Cameron y el ministro de Sanidad, el conservador Andrew Lansley, al que nadie ve gran futuro en el cargo.

Cameron trató de salvar la cara pretendiendo que los planes fundamentales ("más control para los pacientes, más poder a los doctores y enfermeras, menos burocracia en la NHS") son hoy "más fuertes que nunca". Ed Miliband, el jefe de los laboristas, le acusó de "haberse lanzado a unas reformas sin haberlas estudiado a fondo y sin la confianza de la profesión médica".

El líder conservador británico da la impresión de estar dando marcha atrás continuamente. Ha tenido que renunciar a la impopular venta de los bosques y rectificar en el plan de reducir condenas a los acusados que se declararan culpables.