El rey de Marruecos Mohamed VI respondió a la presión de la calle, que desde hace tres meses le pide reformas políticas de calado, anunciando en un discurso transmitido por la televisión marroquí la transición hacia lo que definió como "una monarquía parlamentaria, democrática y social". De acuerdo con los términos de la reforma --que no satisface los deseos de cambio de los jóvenes-- cede parte de sus poderes al primer ministro y al Parlamento, aunque se reserva para él un papel clave en la vida política del país.

Mohamed VI pidió a toda la nación que vote a favor de los cambios en el referendo que se celebrará el próximo 1 de julio, tal y como estaba previsto. "Se garantiza la igualdad entre los hombres y las mujeres. La tortura queda prohibida en cada una de sus manifestaciones. Se establece como un crimen la intervención en la justicia y se eliminará la impunidad a los diputados que cometan delitos penales", manifestó el monarca.

Paralelamente, Mohamed VI señaló como un hito histórico el reconocimiento de la lengua de los bereberes y el respeto de los derechos humanos conforme a las leyes internacionales. "A partir de ahora tendremos además un Tribunal Constitución y un Consejo Supremo de Seguridad que se ocupará de elaborar las políticas de seguridad", desveló el rey alauí en su discurso.

Las reformas, sin embargo, no satisfacen los anhelos de cambio de los jóvenes. El monarca cede poderes, pero siempre será quien tome la última decisión en los casos cruciales. Por ejemplo, en el artículo 41 de la nueva Carta Magna, se hace referencia a que el rey puede cesar a ministros, disolver las cámaras y todo el Gobierno, aunque previamente informando y consultando al presidente del Ejecutivo. "No podemos entenderlo como una monarquía parlamentaria. Esto es una monarquía ejecutiva. ¿Qué democracia es esta, en la que el rey sigue estando presente en cada una de las decisiones?", se pregunta indignado y decepcionado, Aziz Yakubi, periodista independiente.

SECTORES DESCONTENTOS Cierto es que este proceso de cambio no es el esperado, ni mucho menos, por los sectores de la población que se han movilizado en las calles del reino durante los últimos tres meses, para exigir que el país entre en la senda democrática. Pero el mero hecho de haber logrado que el Estado mueva a las diferentes organizaciones políticas en un lapso tan breve de tiempo para realizar modificaciones en el nuevo texto abre la puerta a la esperanza.

"Esto no hubiera ocurrido sin el movimiento 20 de febrero, que se contagió de las revoluciones de los hermanos egipcios y tunecinos", comentó Amina Buayach, presidenta de la Organización Marroquí de Derechos Humanos (OMDH) y miembro de la Comisión encargada de revisar la Carta Magna.

Según Amina, la carta ha sufrido una pequeña modificación de última hora para calmar la cólera de los islamistas que, tras conocer uno de los artículos que hablaban de la libertad de conciencia, recurrieron a sus órganos de prensa para arremeter contra las reformas. Abdelilá Benkirane, presidente del partido islamista Justicia y Desarrollo, denunció la "laicidad" que quedaba latente en el texto, al adoptarse la formulación de libertad de credo. Nada más acabar el discurso real, cientos de jóvenes con extraña espontaneidad celebraron en las calles el anuncio de la Constitución. Pocos conocían su contenido.