Que bebiera Coca-Cola quizá era la más banal de las concesiones de Osama bin Laden al capitalismo. El líder de Al Qaeda, según las últimas revelaciones de las autoridades estadounidenses, dedicaba esfuerzos a algo mucho más esencial para el sistema contra el que declaró la guerra: el márketing.

Cartas incautadas en la casa de Abbottabad donde acabó perdiendo la vida --que no tienen fecha, y de las que se desconoce el destinatario y si llegaron a ser entregadas-- confirman, siempre según la versión de fuentes estadounidenses que han hablado con la agencia de noticias AP, que Bin Laden estaba preocupado por el deterioro de la imagen de marca de Al Qaeda en el mundo musulmán, y por lo que consideraba una derrota en el terreno de relaciones públicas frente a EEUU.

Triunfo occidental

Occidente había triunfado, opinaba Bin Laden, al haber reducido el nombre original del grupo terrorista (Al Qaeda al Jihad, o La base de la guerra santa). Y la versión reducida no era suficientemente religiosa y, además, permitía a Washington "clamar engañosamente que no están en guerra contra el islam".

Bin Laden quizá seguía las tesis del legendario experto en branding (imagen de marca) Walter Landor, que afirmaba que "las marcas se crean en la mente", y barajó nombres para la organización como Taifat al-Tawhed Wal-Jihad (Grupo de monoteísmo y Yihad) y Jama´a at l´Adat al-Khilafat al-Rashida (Grupo de Restauración del Califato), que pensaba que le permitirían distanciarse de las críticas crecientes en el mundo musulmán, que acusaban a Al Qaeda de estar matando a cada vez más musulmanes. Otra documentación incautada arroja también la imagen de un Bin Laden preocupado por su aislamiento cada vez mayor dentro de la organización terrorista, ante la llegada por la caída de sus viejos camaradas de reemplazos a los que casi no conocía.

Pero quizá la información más relevante para Estados Unidos ha salido del teléfono móvil del correo que dio cobijo a Bin Laden. En él aparecía el contacto de un grupo militante, Harakat ul-Mujahedeen, estrechamente vinculado al espionaje oficial paquistaní, lo que podría acabar confirmando que las autoridades contribuyeron a la protección del terrorista más buscado del mundo.