La libertad de los disidentes tiene sus límites. Ai Weiwei, liberado esta semana, no podrá salir de Pekín en un año y tiene que presentarse ante la policía cuando se le requiera. Ha pedido a la prensa que respete su silencio. También Hu, quien será privado de sus derechos políticos durante un año (no puede participar en actividades políticas), no podrá dar entrevistas. La policía impide a la prensa acercarse a la casa en la que vive.