China es recibida esta semana por Europa como ángel y demonio: se le piden contratos millonarios salvadores y se le criminaliza por su política de derechos humanos. Ese acercamiento esquizofrénico se ha acentuado estos días, porque se entiende como capital la intervención de Pekín para salvar al agonizante euro, mientras la disidencia china lo pasa mal.

Wen Jiabao, el primer ministro chino, está en Berlín, la última etapa de una gira europea que le ha llevado a Hungría e Inglaterra. El anuncio de Wen de que China apoyará al euro coincidió con la filtración de su indignación por la insistencia de su homólogo, James Cameron, de exigir más libertades en China. Gran Bretaña está perdiendo puestos en la escala de socios comerciales con Pekín por esa tozudez, dijo un funcionario chino al diario Financial Times. Wen no conserva un buen recuerdo de su visita en el 2009 a Gran Bretaña, cuando un estudiante le lanzó un zapato en la Universidad de Cambridge.

"Creemos que la mejor garantía para la prosperidad y la estabilidad es que progreso polí- tico y económico vayan unidos", había dicho Cameron. No fue duro, pero en China escuecen las lecciones que vienen de un país que nunca se ha disculpado por su papel en el pasado. Las guerras del opio del siglo XIX, que acabaron con humillantes tratados --como la cesión de Hong Kong-- tuvieron su origen en la imposición de Londres de inundar China con droga india para cuadrar su balance comercial.

Ayer, en Berlín, donde se reunión con la cancillera, Angela Merkel, Wen instó a los europeos al "respeto mutuo". "China respeta el sistema político y el modelo de desarrollo elegidos por los ciudadanos de la UE", afirmó el primer ministro.

DISCUSIÓN RESIDUAL China reserva sus enfados para casos singulares. Los dirigentes mundiales suelen irse de China con contratos millonarios, y subrayando ante la prensa que han mantenido un diálogo serio y tajante sobre la falta de derechos humanos que Pekín ha prometido considerar. La costumbre ha fijado esa fórmula aceptable para todos. Fuentes diplomáticas europeas confirman a este diario que el tiempo que se dedica a la discusión sobre los derechos humanos es residual, aunque monopolicen los titulares periodísticos.

Wen había repetido en Londres que "sin libertad no hay democracia". Unos lo interpretan de estratégica cara amable y otros de sincera voluntad de acelerar las reformas internas.