Los sirios tomaron el viernes las calles para atraer la mirada de la Liga Árabe, en un intento agónico de hacerle ver las masacres que su presidente, Bachar el Asad, ha cometido en los nueve meses de revuelta. Así, más de 250.000 personas desfilaron en 74 marchas en la región de Idlib, en cuya capital se hallaban los observadores árabes, encargados de atestiguar el fin de la violencia, a lo que Asad se comprometió por escrito hace dos semanas.

La riada humana se repitió en Damasco (150.000 manifestantes), Areha (30.000) y Hama (25.000). "La gente está ansiosa por contar su sufrimiento a los observadores. No es un viernes cualquiera, es un viernes con ojos extranjeros que deben ver lo que ocurre", explicó Omar Jabbari, del Observatorio Sirio por los Derechos Humanos.

Los soldados atacaron con fuego real y gases lacrimógenos, causando 32 muertos, según los comités locales de coordinación. Hama, con nueve asesinados, fue la que salió peor parada. Hay 200 heridos y 400 detenidos. El Ejército Libre de Siria, formado por desertores y civiles, ordenó no atacar a las tropas del régimen para facilitar sus encuentros con los observadores.

De momento, el Consejo Nacional Sirio, representante de la oposición, ha pedido el cese del líder de la expedición, el general Mustafá Dabi, porque "no es creí-ble y está ayudando a Asad a ganar tiempo". De hecho, Dabi gestionó la inteligencia militar sudanesa que cometió graves violaciones de los derechos humanos en Darfur a finales de los 90.

Aún pesan las palabras de Dabi del miércoles cuando habló de "situación tranquilizadora". Rusia dijo este viernes que ese análisis confirma que hay "calma", mostró su "satisfacción" por el trabajo de los observadores y confió en su "profesionalidad e imparcialidad", términos que también empleó China. Dos naciones contrarias a la condena al régimen de Siria.