El Vaticano es la institución que en este momento asegura al régimen cubano el mejor apoyo internacional durante la larga transición, desde Fidel Castro hacia el posible futuro. "No existe ninguna duda de que la actual visita del Papa ayudará al proceso de desarrollo de la democracia y abrirá nuevos espacio de presencia y actividad para la iglesia", aseguró el cardenal Secretario de Estado, Tarsicio Bertone, en una entrevista concedida poco antes de la actual visita de Benedicto XVI.

Desde la visita histórica de Juan Pablo II (1998), no ha habido liberación de presos políticos o comunes que no haya ido acompañada de la mano del Vaticano, que cuenta ahora en la isla con jardines de infancia, un seminario en La Habana, un centro cultural público (Felix Varela), el permiso para que puedan entrar en la isla misioneros de otras naciones, celebrar procesiones públicas y gozar de un mínimo de acceso a los medios de comunicación. Pero Roma desearía abrir nuevos frentes, como escuelas, que ahora son solo estatales, o nombrar capellanes en las cárceles. También le gustaría que el organismo que se ocupa de religiones no dependiera del Partido Comunista, sino del Estado, y que los manuales de enseñanza escolar fueran depurados de algunos aspectos ideológicos "obsoletos".

La crisis de los misiles

La colaboración entre el régimen castrista y la Iglesia viene de muy lejos y la circunstancia más espectacular fue la mediación en la llamada crisis de los misiles (1962), cuando parecía que iba a estallar la III guerra mundial a causa de las ojivas atómicas que la entonces Unión Soviética estaba colocando en Cuba y que apuntaban hacia EEUU. La idea que dio con la clave fue del cardenal Angelo Roncalli, que, como nuncio del Vaticano en Turquía, ejerció una mediación diplomática. Roncalli, futuro Juan XXIII, resistió como papa a las presiones para excomulgar a Fidel Castro, exalumno de los jesuitas, por haber expulsado a dos obispos y a más de un centenar de curas.

El Vaticano y Cuba han mantenido siempre relaciones directas, incluso cuando los castristas derrotaron al dictador Fulgencio Batista, a quien el Vaticano trató con suavidad. Sucesivamente, las relaciones sufrieron los vaivenes de Juan Pablo II en Latinoamérica. El Concilio Vaticano II (1962-1965) había abierto grandes esperanzas en un continente dominado por dictadores, a quienes se enfrentaban las guerrillas y, en el ámbito católico, los seguidores de la Teología de la Liberación, que, en resumen, aplicaba al cristianismo algunos aspectos del marxismo.

Presionado por EEUU, que había mudado su política ("La iglesia católica ya no es nuestro fiel aliado"), Karol Wojtyla desmanteló aquel cristianismo socializado y EEUU aprovechó la rendija para desplegar en el continente las sectas evangélicas. Pero en Cuba no cuajó y el régimen apostó por una colaboración con los católicos, abriéndoles el Partido Comunista y las manifestaciones públicas de la religión.