Todo se acabó". Con el gesto compungido, el dirigente centroizquierdista griego Fotis Kuvelis anunció ayer el fracaso del enésimo intento de formar Gobierno desde que se celebraron las elecciones, el pasado 6 de mayo. La reunión entre el presidente y los líderes de los partidos fue el último cartucho y fracasó. La única salida es, por lo tanto, repetir los comicios como quien lanza de nuevo los dados a ver si sale un resultado distinto.

"Por desgracia, el país se dirige de nuevo a las elecciones por culpa de que algunos no han sido capaces de poner el interés nacional por encima de su crueldad partidista", criticó el líder del socialdemócrata Pasok, Evangelos Venizelos. Durante los más de nueve días de contactos a varias bandas se propusieron diversas fórmulas --desde un Ejecutivo de unidad nacional hasta uno tecnocrático--, pero unas opciones no interesaban a unos y otras las descartaban otros. Además de las diferencias ideológicas, hay una división que se ha instalado por encima de la izquierda y la derecha: el apoyo o el rechazo de las medidas de austeridad exigidas por la UE. Pero ni los partidos que firmaron el memorando de la UE, el Pasok y los conservadores de la Nueva Democracia (149 escaños de 300), ni los contrarios a él (suman 130) disponían de una mayoría suficiente para formar un Gobierno, pues por razones obvias nadie quiere pactar con los neonazis (21 escaños).

ENEMISTAD Por otro lado, resulta difícil conjugar los deseos de los griegos con los de Bruselas, ya que, mientras que el 68% de los votos fueron a partidos contrarios a las medidas de la austeridad, el 80% de los ciudadanos afirman querer permanecer en la moneda única y para ello el Eurogrupo exige continuar con los recortes y privatizaciones.

Pero hay una razón endémica más poderosa que ha hecho fracasar las negociaciones: la profunda enemistad entre los líderes de los actuales partidos, a menudo escisiones unos de otros. Ayer, el líder del partido derechista Griegos Independientes y exmiembro de la ND, Panos Kammenos, acusó del fracaso de las negociaciones a "la arrogancia" del jefe conservador, Antonis Samarás, y a su insistencia en ser elegido primer ministro, mientras que fuentes de la ND aseguraron que era Kammenos quien exigía dirigir el Gobierno.

"Ya que nos vemos obligados a ir de nuevo a las elecciones, por el amor de Dios, hagámoslo unidos y no vayamos a peor", reclamó el socialdemócrata Venizelos. El caso es que, por mucho que las encuestas indiquen que la izquierda radical Syriza es la favorita, resulta improbable que consiga la mayoría absoluta, por lo que se tendrán que reproducir las negociaciones entre unas fuerzas políticas que ahora se odian más que antes si cabe.

RETIRADA DE DINERO En medio de esta inestabilidad política y la que seguirá hasta las elecciones e incluso más allá --y de los rumores de una eventual expulsión de Grecia de la moneda única-- se está produciendo una retirada masiva de dinero de los depósitos bancarios. Según las actas de las negociaciones, publicadas a instancias de Syriza, el presidente de la República, Karolos Papulias, citó una información del Banco de Grecia según la cual en la primera semana tras los comicios se habían retirado 700 millones de euros de las cuentas bancarias, una cifra que ayer algunos medios elevaban a 1.000 millones de euros. Por si fuera poco, ayer también se supo que la economía griega se contrajo en los tres primeros meses del 2012 un 6,2%, lo que deja en ridículo la expectativa de la troika, que predecía que las medidas de austeridad ayudarían a contener la caída del PIB por debajo del 5%.