Ha llegado el momento de la soberanía para Afganistán", proclamó ayer François Hollande durante su viaje relámpago al país asiático para explicar in situ su decisión de retirar a las tropas durante este mismo año. Se trata de una promesa electoral "innegociable" que el nuevo presidente francés mantuvo en la cumbre de la OTAN y que ya ha empezado a adaptar a la realidad. Hollande precisó que la repatriación de los soldados se realizará de forma "ordenada y coordinada" con el mando de las fuerzas aliadas y que afectará a las "fuerzas de combate". Es decir, a 2.000 soldados de los 3.500 desplegados en la zona.

Con la visita de Hollande, el presidente del Ejecutivo español, Mariano Rajoy, se convierte en uno de los escasos jefes de Gobierno de un país con tropas desplegadas en Afganistán que no ha visitado a los soldados.

Acompañado de los ministros de Defensa, Jean-Yves Le Drian, y de Exteriores, Laurent Fabius, Hollande aterrizó en Kabul para dirigirse a la base de Nijab, en la peligrosa provincia de Kapisa, donde han caído la mayoría de los 83 militares franceses muertos en el país desde el 2002. El presidente les rindió homenaje. Hollande quiso dejar claro que Francia no deserta, sino que pasará "con orgullo" y en "estrecha colaboración con las autoridades" el relevo al Ejército afgano.

El mismo mensaje transmitió poco después en Kabul al presidente del país, Hamid Karzai, antes de regresar a Francia ocho horas después de su aterrizaje. "Queremos dar una dimensión sobre todo civil y económica a nuestra colaboración", subrayó Hollande, quien insistió en que "ya no son los aliados quienes deben definir el futuro de Afganistán". Los 1.500 soldados franceses que continuarán en la zona se centrarán en realizar labores de entrenamiento, de apoyo logístico y de desarrollo de proyectos en diferentes ámbitos, como la sanidad y la educación.

"Es una operación militar y un desafío importante", admitió el presidente francés, confrontado a la dificultad que supone avanzar un año el calendario de retirada previsto. "Es más fácil entrar en Afganistán que salir", previenen los especialistas, que alertan de la complejidad, el riesgo y el coste de la operación.

PRECIO DE LA RETIRADA La provincia de Kapisa está lejos de ser controlada por las fuerzas aliadas y los talibanes ejercen una gran presión sobre la población y sobre el Ejército afgano. De hecho, los últimos soldados franceses fallecidos fueron víctimas de talibanes infiltrados en las fuerzas del país. En este contexto, la retirada por vía terrestre de los 500 blindados franceses desplegados en la zona no será un trabajo fácil. Las dos rutas posibles --por Rusia o a través de Pakistán-- son muy peligrosas.

Algunos expertos señalan la cooperación económica como el precio del avance de la retirada. Hollande citó la "educación", la "cultura" e incluso la "arqueología", campo en el que ambos países colaboran desde hace años. El jefe del Ejecutivo francés mencionó también las perspectivas económicas. "Queremos que Francia mantenga su presencia en Afganistán de otra manera", concluyó.