Benedicto XVI habló ayer por primera vez sobre la situación del Vaticano, que desde hace una semana está en las primeras páginas de los diarios, para decir que renovaba su confianza a todos los colaboradores. "Hay tristeza en mi corazón, pero Dios no dejará de ayudar a su Iglesia", dijo.

El Pontífice argumentó que cuanto explican los medios sobre el Vaticano, como escenario de choques, pulsos y tensión, "son ilaciones gratuitas". "Se han multiplicado las ilaciones, amplificadas por los medios de comunicación, totalmente gratuitas y que van más allá de los hechos, ofreciendo una imagen de la Santa Sede que no se corresponde con la realidad", dijo.

"Siento el deber de renovar mi confianza y mi ánimo en mis más estrechos colaboradores y a todos los que, diariamente, con fidelidad, espíritu de sacrificio y en silencio me ayudan a cumplir mi ministerio", dijo el Papa, para añadir: "La Iglesia está guiada por el Espíritu Santo y el Señor no le escatimará su ayuda para sostenerla en el camino".

Como sucede cuando se habla sin afirmaciones explícitas, los casi 3.000 empleados de la Curia o gobierno central de la Iglesia católica, han interpretado que Joseph Ratzinger salía al paso de las críticas que en estos días, con la filtración de documentos secretos y el arresto de su mayordomo, aluden a un supuesto pulso por el poder en el Vaticano.

Principalmente, en referencia a su secretario de Estado, el cardenal Tarcisio Bertone, una especie de primer ministro, criticado por la forma de administrar el gobierno central. El jesuita Federico Lombardi, portavoz del Papa, ha añadido que no se corresponde con la realidad que haya cardenales investigados por la fuga de documentos.

Respecto a algunas consideraciones hechas en Italia sobre el objetivo de conseguir la dimisión del Papa, a causa de una supuesta "debilidad" en la gestión del gobierno de la Iglesia, se fue por la tangente.

El mismo día en que la máxima autoridad de la Iglesia católica hacía referencia al ya conocido como Vaticaleaks, la Santa Sede anunció la entrega de un millón de euros para ayudar a las poblaciones afectadas por los recientes terremotos en la región Emilia-Romagna.